La lengua es nuestre

Opinión

A propósito de la apertura del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, la lingüista y docente universitaria Ana Luisa Coviello analiza las desigualdades que persisten y se naturalizan en la cultura.

La riqueza de la diversidad fue negada en el discurso inaugural del Congreso de la Lengua Española. La foto es de Presidencia de la Nación.


En estos tiempos en que las mujeres hemos ganado las calles con nuestra rebeldía ante la desigualdad, en estos tiempos tan hermosamente feministas en que los movimientos de mujeres y disidencias prometen hacer estallar el statu quo de nuestra sociedad capitalista y patriarcal, que el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española 2019 en Córdoba abra con tan escasa presencia de mujeres y nula representación de disidencias habla por sí solo: de los nueve oradores, solo dos fueron mujeres, y la foto que ilustró las portadas de los diarios digitales pone en primera plana a la reina de España, a quien el protocolo real silencia permanentemente, y a la esposa del presidente Macri, conocida más como “la esposa de” que por su propia trayectoria.

Tomaron la palabra el gobernador de la provincia de Córdoba, Juan Schiaretti (hombre, él); los escritores Mario Vargas Llosa, Santiago Kovadloff (hombres, ellos) y Carme Riera; el Director del Instituto Cervantes, Luis García Montero (hombre, por supuesto), el Director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado (faltaba más, hombre, él, de una institución misógina y colonial), el rey Felipe VI (hombre, él, y qué decir de la realeza que no hayan dicho ya los millones de españoles que reclaman república y que asisten perplejos, en pleno siglo XXI, al mantenimiento de este residuo retrógrado). Y el presidente Mauricio Macri (sí, hombre también).

Mauri estuvo generoso con los oyentes: no leyó. Tuvo el buen gusto de aprenderse de memoria su discurso. Y se le notó. Y nos pidió que imagináramos una Latinoamérica en la que los argentinos habláramos argentino; los peruanos, peruano; los bolivianos, boliviano; como si la diversidad no fuera fuente de riquezas. ¡Y qué, si necesitáramos traductores para hablar con los uruguayos, o que los ecuatorianos los necesitaran para hablar con los venezolanos…! Como si Europa hablara una misma lengua, o, peor aún, como si haber exterminado durante la Conquista a numerosos pueblos indígenas y con ellos a sus lenguas fuera un mérito y no un crimen. Así lo dijo el mismísimo Vargas Llosa, de quien ya poco podemos esperar: “América era una torre de Babel cuando llegaron los europeos y estaba, literalmente, bañada en sangre. Las controversias que ha generado la conquista desaparecen cuando se trata de la lengua”. Más a la derecha que esto, la Real Academia y la Monarquía Españolas.

En medio de estos discursos colonialistas o genuflexos, la única que enunció algo digno fue la Secretaria de la Secretaría General Iberoamericana (Segib), Rebeca Grynspan Mayufis (mujer, ella): “con la lengua viaja también una forma de interpretar al mundo y a la realidad”. Y ahora imaginemos las realidades exterminadas por la Conquista, y las formas de interpretar al mundo que nos perdimos con la imposición de la lengua española, el catolicismo, el capitalismo y la Modernidad onerosa e individualista. Y nos larguemos a llorar.

Pienso, entonces, en ese caudal impetuoso que baja con la fuerza de quien enuncia una verdad que no pretende ser impuesta, en ese río correntoso que es el lenguaje inclusivo. Una estupidez para quienes están acostumbrados a someter a quienes no piensan ni sienten como ellOs, algo que no merece ni siquiera ser pensado o debatido. Una estupidez para la Real Academia Española, que nunca tuvo a su cabeza a una mujer, mucho menos a alguien que se autoperciba por fuera de la lógica binaria. Una estupidez para el patriarcado, nunca dispuesto a ceder un milímetro de sus privilegios. El académicO de la lengua Arturo Pérez Reverte, tan seguro del conservadurismo de la RAE, llegó a amenazar con dejar la institución si aceptaba el uso del inclusivo.

En este contexto de rechazo al uso de la –e o de la –x como expresión de un género que se niega a identificarse con el masculino y con el femenino, los debates en las aulas del nivel medio y universitario sacan a relucir el ingenio y la esperanza, y el desparpajo de quienes empiezan a sentirse libres ante esta nueva posibilidad frente al peso de la naturalización de lo cultural produce sentidos que explotan y dejan rastros en mentes y corazones. Elles entienden que la lengua es una forma de interpretar al mundo y a la realidad, y están abiertes a aceptar las disidencias, a reflexionar sobre quienes se sienten constreñides por una herencia que no les representa (entre estes constreñides, el lúcido semiólogo francés Roland Barthes, quien ya en la década del ’70 denunciaba esta imposición binaria de género de su lengua). Es en las aulas, no en los Congresos mayoritariamente de hombres, donde se dan los debates que más me interesan. Y ahí sobreviene una evidencia clara: les chiques están dispuestes a aceptar al otre; los dinosaurios, no. Como dice la famosa nena que explica el inclusivo en aquel videíto casero en YouTube que se viralizó el año pasado, “no se trata de palabras; se trata de DERECHOS”. Y evidentemente, como bien sabemos las feministas, la ampliación de los derechos no se pide por favor: se arranca a fuerza de lucha, de calle, de rebeldía, y, por qué no, de revolución.

Por eso decía que en estos tiempos en que los movimientos de mujeres y disidencias tienen la certeza de que no hay vuelta atrás, de que los derechos que reivindicamos llegarán, de que el patriarcado no caerá sino que lo derribaremos, no me canso de repetir a les estudiantes en las aulas: la lengua es política. Pero por sobre todo, la lengua ES NUESTRE. Nos apropiemos de ella y salgamos a ampliar derechos para todes.

Ana Luisa Coviello es Doctora en Filología Clásica por la Universidad de Barcelona y Licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Tucumán. Ejerce la docencia universitaria en las Cátedras de Semiótica para Ciencias de la Comunicación y de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras. Directora del primer Proyecto de Investigación de la UNT enteramente dedicado a la Semiótica. Ejerce la docencia media en Lengua y Literatura del Ciclo Orientado. Vocal de ADIUNT por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.

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