La Argentina que no debe ser

Opinión

El Magister en Políticas Públicas Julio Picabea (h) sostiene que, a la luz de la situación que atraviesa el país, es necesario superar la “grieta” para reconstruir un sistema político que arroje resultados estables en los próximos 20 años.

Sin una dirigencia que esté a la altura de las circunstancias, la pobreza será un destino seguro para el país. La foto es de APA.


Argentina corre el riesgo de perpetuarse como un país pobre, desintegrado y desigual si en los próximos 20 años no se realiza un abordaje profundo y a conciencia, de las problemáticas más urgentes que afectan a nuestra población ¿Es un destino evitable? Sí, pero depende de la capacidad de la dirigencia política para arribar a consensos mínimos y de manera urgente.

La historia argentina nos muestra que siempre fue dificultosa la búsqueda de acuerdos entre la clase dirigente. En términos de Nicolás Shumway, “pareciera que Argentina fue construida sobre una fisura sísmica”. Según el autor existen dos formas de concebir la identidad argentina, a las que denomina “ficciones orientadoras”. Para algunos la Argentina es Buenos Aires y sus ciudadanos; mientras que para otros Argentina es el interior, el gaucho y el nativo. Estas dos concepciones de nuestro país, nacidas en el momento en que comenzó a concebirse la idea de Nación, parecen ser transversales a toda nuestra historia, manteniéndose vigentes en la actualidad con la lógica peronismo-antiperonismo.

Sin embargo, existen algunos ejemplos en Occidente que pueden brindarnos esperanza. Uno de ellos es el denominado Pacto de La Moncloa, firmado en 1977 por los diferentes sectores de la política española, que sirvió como puntapié inicial para la recuperación del país. A partir de estos acuerdos, España pudo salir de la crisis inflacionaria, reducir los altos niveles de desempleo, reordenar las cuentas públicas y garantizar la estabilidad de su democracia.

Nuestro país presenta 42 años después problemas similares a los de la España posfranquista: altos niveles de inflación, desbarajuste fiscal y desempleo. A esto debe sumársele la altísima presión impositiva y las elevadas tasas de interés, que atentan contra cualquier intento de inversión y desarrollo. Y en el plano social, el problema más urgente de todos: la pobreza. Este cuadro se agrava si pensamos que en el 2040 se acaba para Argentina el bono demográfico ¿Qué quiere decir esto? Actualmente la población económicamente activa supera a la pasiva, constituida por los jubilados y niños. A partir de 2040, nuestra población pasiva será superior a la activa. Es decir que habrá más personas que mantener, y por ende será mayor el esfuerzo de los activos y el gasto público que el Estado deberá afectar en ese sentido. Las inversiones de fondo que no se realicen en los próximos 20 años, después será más complicado realizarlas. 

Salir de la dinámica de la división y la exclusión requiere de dirigentes de centro, que aporten moderación al debate público, y sean capaces de tender puentes entre la dirigencia. Superar esta “grieta” nos permitirá reconstruir un sistema político que arroje resultados estables. Además, coadyuvara a recuperar la tolerancia mutua, y nos abrirá el camino para institucionalizar una práctica de negociación y acuerdos entre los diferentes espacios políticos. Esto es clave a la hora de pensar en un proceso de policymaking virtuoso: políticas públicas consistentes y perdurables, orientadas a mejorarles la calidad de vida a los ciudadanos.

¿Qué país queremos para las próximas generaciones? Es la pregunta que debería hacerse toda la dirigencia política. Lo cierto es que, si no centramos todos nuestros esfuerzos en abordar las problemáticas más urgentes de nuestro país; si no nos abocamos fundamentalmente a reducir los niveles de pobreza estructural, modificando trayectorias de vida de niños y jóvenes, para que en 20 años puedan integrarse al sistema, entonces, es probable que nuestros hijos transiten toda su vida en un país pobre. 

Julio Picabea (h) es Abogado, Magister en Políticas Públicas y Presidente de la Fundación Proponer.


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