Uno, dos ultraviolentos

opinión

¿¿¡Y ahora, que pasaaa!??

Foto Paula Storni.-


Anoche estuve en el Virla. Fui a ver Chicos Católicos. Además de la temática tan actual, me convocaba que el trabajo estuviese guiado por un excelente y comprometido equipo de profesionales a quienes respeto profundamente.

Estaba yo sentada en la última fila. Al lado mío había un chico joven, de unos treinta y pico que subió y bajó varias veces antes de que la obra empezara, muy nervioso. Esa conducta se repitió en el transcurso de la obra.

El espectáculo empezó a sala llena y con mucha respuesta del público.

No sé cómo pasó. Pero ya avanzada la obra y a poco de terminar, en un segundo el chico nervioso e inquieto de la remera roja y otro que subió luego y se sentó próximo a él, muy alto, muy serio, bajaron rápidamente las escaleras, desde atrás. Pensé que se iban. Pero no. Subieron al escenario a los gritos, insultando a los actores y agarraron lo que encontraron a mano para revolearlo por los aires. Creo que eran un atril de hierro o madera y unos papeles. Esto duró segundos.
Como espectadora rogué, esperé que sea algo dentro de la obra, algo dentro del guión. (¿La representación de los otros?) Pero no. Los tipos eran dos violentos fanáticos religiosos (eso dijeron ellos mismos) que huyeron después del abucheo de la gente.

Los actores continuaron con lo que quedaba de la obra. Profesionales increíbles. Yo ya no podía concentrarme. Sólo pensaba en sus cabezas con el mandato del show must go on y la experiencia tan cercana del odio. Ahí al lado de ellos, tan cerca.

Sólo pensaba en que jamás tuve miedo de que cualquiera pueda hacer cualquier cosa por odio. Eso no pasaba unos años atrás. No estaba permitido. Y esto era un espectáculo! Uno puede levantarte e irse si no le gusta o le incomoda la propuesta. Puede luego escribir en tus redes las razones de su disgusto.

Lo que pasó ayer habla de un odio contenido que está apareciendo cada vez más y de distintas maneras. Que corre por debajo de todos; a veces se hace más visible y otras veces permanece más oculto. Es la violencia que acecha en sus diferentes formas. Ayer el final podría haber sido otro. Peor.

Estamos en un momento difícil. Muy crítico. Aquí en el mundo, aquí en el Virla, en la escuela, en la calle, alguien siente que puede insultar, escupir, golpear y matar a otro por no responder a los parámetros de sus monstruosas cabezas. Porque eso no es ya “otro modo de pensar”: esto es la barbarie  y la irracionalidad en su estado más puro.

Esas modalidades de la violencia hoy, en lo personal, me asustan mucho más que el robo de los ‘negros’. Una madre puede escrachar a otra en la puerta de una escuela por tener pañuelo verde y apoyar la ESI, un grupo de adolescentes puede golpear a otro porque es demasiado puto, y así. Señores, estos son los microfascismos con los que hay que terminar. Los peligrosos no son los del pañuelo verde, los negros, los pobres. Los peligrosos son hoy más que nunca los que los medios, las redes y nosotros mismos, no visibilizamos a través de la denuncia pública. Son los blanquitos de pañuelos celestes, los de los globitos amarillos y la sonrisa y la camisita impecable que nunca aparecen estigmatizados como violentos, agresivos y peligrosos. Así, iguales a los que subieron anoche al escenario.
Yo fui testigo del horror y el desconcierto en los rostros del escenario.

Mis felicitaciones a los actores porque pudieron seguir pero más aún porque se animan a hacer esta obra en este contexto. Sigan. La gente los apoya y en el público también había católicos y creyentes que pudieron leer la crítica, disfrutar de la propuesta y abuchear a los agresores.

Ayer leí una historieta brasileña. Un tipo le decía a otro “y ahora, qué hacemos? (En referencia al triunfo de Bolsonaro). El segundo responde: “hagamos teatro!”
Siii, hagamos teatro como forma de resistencia y lucha. Porque el arte, como también el humor, puede contribuir a desnaturalizar el sentido común más peligroso.

Paula Storni para Sin Miga

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