Fútbol marca Tucumán

OPINIÓN

Periodista y socio de San Martín, Ernesto Bruna se refiere a la muerte de Matías Diarte, hincha de San Martín golpeado por hinchas de Boca Juniors.


Escribo estas líneas desde el dolor de la muerte de un hincha de San Martín como consecuencia de los golpes recibidos en un cruce con barras bravas de Boca Juniors. La tristeza por la desaparición de Matías Diarte se ahonda por lo absurdo de la situación: un joven que realiza un viaje para disfrutar de un espectáculo deportivo, termina encontrando la muerte al ser atacado salvajemente por delincuentes identificados con el club rival.
 
Ahora, más allá de la condena a la mafia de los violentos del fútbol, que también los hay en mi querido San Martín y en Atlético Tucumán, creo que deberíamos reflexionar sobre la mafia del fútbol en sí y que con un simple cambio de actitud podemos empezar a desterrar.
 
El fútbol es un deporte, sí. Pero sobre todo es uno de los mayores negocios del planeta. La FIFA declara en los últimos mundiales ingresos de US$4.000 millones, por derechos de televisión, marketing y venta de entradas, frente a unos gastos de US$ 2.000 millones en el evento. Quizás lo que lo hace tan atractivo para los espectadores de todo el mundo es que buena parte del juego se basa en el talento, que se encuentra caprichosamente distribuido en una serie de pocos países (la lista de los campeones mundiales lo demuestra), pero también en la sensación de que cualquiera puede ganar y dar el batacazo.
 
En Argentina, por una rara estructura sociopolítica de país federal en los papeles, pero unitario en lo económico y cultural, hemos alimentado un sistema futbolístico en el cual replicamos esta idiosincracia. En Tucumán y en cualquier provincia del llamado interior, podemos ser hinchas de un grande local (San Martín o Atlético Tucumán) y a la vez fanáticos de un grande de Buenos Aires (fundamentalmente Boca o Ríver).
 
Para que Boca y River sigan siendo “los más grandes” es determinante que miles de tucumanos enciendan el televisor cada vez que jueguen, que compren los diarios cada vez que ganan, que consuman los productos que los esponsorean y que vayan a mendigar autógrafos a los hoteles cada vez que visitan la provincia.
 
Esta hegemonía cultural de los grandes de Buenos Aires, que sustenta las injusticias económicas, deportivas, institucionales hacia adentro de la Asociación del Fútbol Argentino, se profundizaron con el actual modelo de la Superliga Argentina de Fútbol.
 
Se sabe que Fox Sports y Turner pagan 3.500.000.000 de pesos anuales por quedarse con el fútbol criollo. Descontados los derechos de la AFA, se reparte un 50% en partes iguales, un 25% por mérito deportivo y el restante 25% por una fórmula que mide la trayectoria del club y del cual River y Boca se llevan la parte del león, profundizando las desigualdades. Sólo por este último ítem Boca recauda $74 Millones, River $73 Millones, contra $10 Millones que reciben, cada uno, Atlético y San Martín.
 
Los éxitos deportivos de Atlético Tucumán sirvieron para posicionar a la provincia tanto o más que cualquier gira oficial de autoridades y empresarios tan de moda hoy con el concepto de diplomacia subnacional. Poder disputar por primera vez el superclásico tucumano en Primera División será la oportunidad para transformarlo en un producto de exportación.
 
A estas alturas, el talento futbolístico y la pasión de los hinchas tucumanos es un activo que la provincia y los amantes del balonpié no podemos desperdiciar. ¿Qué podemos aportar cada uno? El gobierno sosteniendo los subsidios que ya otorga, los empresarios locales sumándose como sponsors, los dirigentes profesionalizándose y los jugadores comprometiéndose y dejando todo en la cancha.
 
Pero a los hinchas no sólo nos toca el aliento. Querés que Atlético siga creciendo y que San Martín se quede en Primera, hay una larga lista de tareas a realizar: Asociate a tu club, compra sólo la camiseta de tu club y dejá de hacer el ridículo con las camisetas de Boca y River cuyas canchas quedan a 1300 kilómetros, no los veas en televisión porque pronto la torta de la Superliga se repartirá de acuerdo al rating de los partidos, comprá los productos de las empresas que apoyan a tu club y recomendalas, apoyá los medios de comunicación locales y la prensa partidaria, no comprés Olé o Clarín y un largo etcétera.
 
El fútbol es un deporte, un negocio. Pero también es pasión que construye identidad. Más allá del folclore, tenemos la oportunidad histórica de crear una movida que destierre la hegemonía cultural de los clubes grandes de Buenos Aires -que alimenta sus mafias delictivas y las vestidas de legalidad- y construir juntos un Fútbol con el sello de Marca Tucumán.

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