Las representaciones sociales en torno a la lucha docente

Opinión

La doctora en Letras y docente universitaria Valeria Mozzoni analiza los cambios que sufren las construcciones simbólicas en torno al rol social de los educadores cuando reclaman por sus derechos. "A través de un reduccionismo alarmante, pasamos a ser –al mejor estilo Ibsen- el enemigo del pueblo", sostiene la autora este artículo.

Los docentes universitarios resolvieron no iniciar el segundo cuatrimestre ante la falta de una propuesta salarial por parte de la Nación. Foto: ADIUNT UNT.


Las y los docentes podemos ser idealizados como paladines de la vocación (de servicio) y nuestra tarea ser considerada como uno de los pilares fundamentales para la vida en sociedad. Lamentablemente, esta construcción simbólica no es directamente proporcional ni con el supuesto “prestigio” social de la labor que llevamos a cabo ni mucho menos con la retribución salarial que, en general, recibimos.

Cuando las y los docentes universitarios hacemos visibles nuestras condiciones laborales, cuando denunciamos el desfinanciamiento de que son víctimas las Universidades Nacionales (UUNN) actualmente, cuando advertimos acerca de las consecuencias del reciente recorte de las incumbencias en distintas carreras universitarias, cuando señalamos los recortes en CONICET, cuando hacemos reclamos salariales por medio de nuestro legítimo derecho a huelga, entonces las representaciones sociales positivas acerca de la docencia cambian. Las y los docentes en lucha solemos ser demonizados como vagos/as a quienes sólo importa el sueldo y no la educación pública y/o los y las estudiantes.

Para quienes hemos elegido como carrera alguno de los profesorados que ofrece la UNT, la docencia es nuestra principal salida laboral y fuente de ingresos. Quizás no sea así para otros profesionales que tienen un estudio o consultorio y ejercen la docencia como actividad extra. Lo cierto es que las y los docentes somos trabajadoras y trabajadores a quienes no siempre se nos reconoce las exigencias y responsabilidades que dicho trabajo implica. Sin embargo, pasamos a estar en el ojo público cada vez que aparece la palabra “paro”. Y entonces sí, a través de un reduccionismo alarmante, pasamos a ser –al mejor estilo Ibsen- el enemigo del pueblo. 

Hace muy pocos días, las dos principales Federaciones que nuclean a docentes universitarios – CONADU y CONADU HISTÓRICA- han votado el no inicio del segundo cuatrimestre en las UUNN si no se llega a un acuerdo paritario satisfactorio. Asimismo, la ANFHE (Asociación Nacional de Facultades de Humanidades y Educación) hizo público un comunicado en el que manifiesta su preocupación por la situación financiera y salarial que atraviesan las UUNN en el que señalan “el considerable retraso en las transferencias de fondos para gastos de financiamiento”. Dos claras muestras de la gravedad de la situación de la educación pública hoy en nuestro país.

Las y los docentes en lucha resultamos incómodos. A algunos sectores les conviene intentar enfrentarnos con nuestros estudiantes. Pero es necesario que el árbol no tape el bosque y que se entiendan las verdaderas causas del desgranamiento de las universidades. Como dice una colega, muchos de quienes hoy somos docentes en las UUNN somos hijas e hijos de huelgas y tomas. Las clases se recuperan, los exámenes se reprograman, los cronogramas académicos se cumplen. La defensa de la educación pública está por encima de todo, incluso del legítimo reclamo salarial de las y los trabajadores docentes. Las causas que afectan a nuestros alumnos y alumnas hay que buscarlas en las políticas públicas del gobierno nacional.

“Docente luchando también está enseñando” es más que un slogan, es una convicción para quienes entendemos que ninguna reivindicación se logró sin lucha y sin estar en las calles y, por sobre todo, que la unidad docente-estudiantil es la clave para defender a la educación pública de los avances de las políticas de ajuste y privatización del poder ejecutivo nacional.   


La autora es Doctora en Letras y Docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán.


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