Que sea ley

Opinión

"Cada vez somos más lxs que dejamos nuestras dudas, temores y creencias religiosas de lado para apoyar a las mujeres que deciden sobre su propio cuerpo, como así también deberían hacerlo nuestrxs representantes". La opinión de Ana Vázquez en vísperas del debate por la despenalización del aborto en el Congreso.

La foto es de Ignacio López Isasmendi para Colectivo La Palta.


La tarde fría del lunes 4 de junio nos juntamos a gritar “Ni una menos”. Me bajé del colectivo y encaré para la plaza Urquiza. Tenía el pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la mano y, mientras analizaba si había riesgos de que alguien me insultara por ponérmelo, vi pasar una chica con el suyo atado a la mochila. Y después otra. Y otra más. La marea verde

Todas estas jóvenes me superaban en valentía y en actitud; durante la marcha no me quedaron dudas. Eran ellas las que más gritaban: “señor, señora, no sea indiferente, se mata a las pibas en la cara de la gente”. Agarraban sus carteles con una vehemencia tan hermosa que pensé que la próxima vez que me faltara la fuerza iba a poder recuperarla allí, junto a mis hermanas.

Las chicas del secundario y las de veintipocos son las que vienen a apuntalarnos, a darnos la esperanza de que esta lucha no se termina aquí. Son el testimonio vivo de que los tiempos están cambiando y que, a pesar de que una parte de la sociedad todavía no abraza la causa feminista, la generación que nos sigue va a terminar de redondear nuestros reclamos y ganar nuestras batallas. No hay vuelta atrás.

Es esta generación la que entiende, sin tantas vueltas, que la legalización del aborto no es un debate moral, sino de salud pública. Que la discusión no es acerca de cuándo empieza la vida, sino de que hay dos formas de abortar: una es legal, segura y gratuita; la otra es clandestina, pone en peligro nuestras vidas y es costosísima (en todo sentido) para las personas gestantes. Esta generación no va a renunciar a su derecho a la seguridad física y emocional, y mucho menos a su capacidad de disfrutar de la sexualidad, el trabajo, el espacio público, como debería poder hacerlo cualquiera sin importar su sexo/género.

Según datos obtenidos por la web Economía Femini(s)ta, en Argentina, cada 3 horas, una niña de entre 10 y 14 años tiene un hijx. La información con respecto a los abortos no punibles es inaccesible para muchas de ellas y, además, algo tan fundamental como la educación sexual integral no se implementa en todas las escuelas del país, por presiones conservadoras y de la iglesia católica, a pesar de ser ley desde 2006. Es por eso también que esta pelea es una cuestión personal y política para las más chicas.

Como ya había dicho la periodista Luciana Peker en las reuniones informativas de la Cámara de Diputados: “les pido también por la revolución de las hijas, son las jóvenes las que llenan las calles, los colegios -religiosos y no religiosos, públicos y privados- y las que nos están pidiendo que se amparen sus derechos (…), las nenas y las adolescentes necesitan crecer en un mundo en que tengan los mismos derechos que sus novios, sus compañeros de clase, sus amigos y sus hermanos varones”.

Según datos aproximados del Ministerio de Salud de la Nación, se realizan entre 370.000 y 522.000 abortos por año en nuestro país. Y cada vez somos más lxs que dejamos nuestras dudas, temores y creencias religiosas de lado para apoyar a las mujeres que deciden sobre su propio cuerpo (como así también deberían hacerlo nuestrxs representantes en el Congreso). El patriarcado se va a caer. Esta revolución está ahora y para siempre en nuestras manos, hermanas.

Mini Bio Ana VazquezInteresada en el ir y venir de las personas. Esclava de dos gatos. Fascinada con el feminismo. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Todavía viendo hacia dónde va.

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