No ser madres hoy

Opinión

"En el trabajo a diario, entre los amigos, al reunirse con la familia, la pregunta es obligada y se repite, el comentario da por sentado que es un interés que todas compartimos. Y vos, ¿para cuándo?". Escribe Carla Mora.


La cara seria va seguida inmediatamente por la reacción física de ojos desorbitados y boca abierta. “No estarás embarazada???” es la ÚNICA respuesta. Hace varios días que un antibiótico recetado por mi médico me causa malestares constantes a la mañana, justamente cuando estoy en el trabajo.

En realidad no se trata de un experimento sociológico ni de un trabajo de campo para un curso de metodología. No es un análisis científico de efectos y reacciones. Se trata de mi vida. La elección de no ser madre, aún hoy, daña. Estropea al tejido en el que nos movemos a diario, lo desgarra y lo rompe, lo arruga, lo pervierte. La respuesta genera siempre la misma reacción de incredulidad que se apodera de los discursos, y lo raro se escabulle en las vidas para movilizarlas. Es, como dice Virginie Despentes, “al mismo tiempo lo que me desfigura y lo que me constituye.”

En el trabajo a diario, entre los amigos, al reunirse con la familia, la pregunta es obligada y se repite, el comentario da por sentado que es un interés que todas compartimos. Y vos, ¿para cuándo?
 
Ser mujer (algo por lo que claramente yo no he optado) presupone el intrínseco imperativo de la maternidad desde que salimos del útero materno. Sin embargo, cuando crecemos la apuesta se eleva más todavía. Estar sola parece ser mala palabra y estar en pareja, sinónimo de que el próximo, -y obvio-, paso es querer ser padres.

La maternidad no es el rumbo ineludible de todas nosotras y este mundo tiene mucho que ver con eso. Yo no solamente quiero dedicarme por fin a la carrera que amo, y a viajar, y no atarme, y vivir en todos lados, y conocer lo que el mundo tiene para ofrecerme. Eso y mil clichés más. Además, no quiero que me digan lo que tengo que hacer; no deberían. La elección de vida, cualquiera de ellas, será más equivocada cuanto más se apoye en las influencias externas. Y explotará como la lava de ese volcán que empuja por salir y termina lográndolo.

Hace varios años he metido tanto el “vestido blanco” y los anillos como los bebotes y sus cochecitos en una caja y los he mandado a pasear; quizás a otra le sirvan. Estaban confeccionados para mí desde antes de nacer. No los quiero.

El hecho de que algunas la elijan no quiere decir que sea para todas. Y no escucho que les pregunten a los hombres qué esperan para tener hijos, o que los corran con lo del reloj biológico y el tren que se les va. Yo lo expongo, lo analizo, lo peso en mi balanza y lo miro con ojos críticos. Es mi elección. Y no creo que a quienes se lo comento deban contestarme “Eso decís ahora” o “Ya vas a cambiar de opinión”. Claro que puedo cambiar de parecer, soy un ser humano. Yo misma pensaba hace solo unos años que la maternidad era parte de mí a largo plazo.

Pero no estoy probando la reacción colectiva. Estoy exponiendo un sentimiento profundo y personal al sacar afuera algo tan políticamente incorrecto. Mi sinceramiento personal hizo que me llovieran las muestras de lo marcadas y marcados que estamos por patrones culturales y sociales, porque no nos gusta saber que alguien se sale de ese molde, y a quien no acepta el modelo preestablecido le cuestionamos que su decisión pueda mantenerse en el tiempo y ser coherente. No le creemos.

Mundialmente esta elección de vivir sin hijos tomó distintos nombres y va cobrando cada vez más entidad. Algunos le llaman “Child Freea la tendencia de escoger no tener hijos. Otros catalogan a las mujeres que no quieren ser madres bajo el término “NoMo (No mother, es decir, las no madres). Lo común es la necesidad priorizar otros proyectos personales que a veces pesan más y, sobre todo, respetar que las personas tenemos distintos tiempos, distintas necesidades y distintos deseos. Y éstos no coinciden siempre con los de las y los demás. Casarse y tener hijos no tiene por qué tener más status e importancia que completar tu formación de posgrado, el trabajo de tus sueños, viajar por el mundo o transpirar la camiseta por ese ascenso tan anhelado.

Hemos crecido convencidas de que nuestro destino ineludible y “natural” es el de ser madres. De que la vida de las mujeres está marcada genéticamente por la ternura, la paciencia, la calidez y el inevitable objetivo de cuidar a otros, sin cuestionamientos, sin chistar. La construcción social de la maternidad la ha atado a la mujer de forma inseparable. La sexualidad fue enlazada con la reproducción. Y muchos no me perdonarán que tome las tijeras y corte ese hilo.


Mini bio de la autora: Tucumana, licenciada en letras de la UNT y feminista. Miembro del proyecto Identidad y transformación de estructuras de poder en el Noroeste argentino, del IHPA, en la Facultad de Filosofía y Letras. Actualmente empleada del Poder Judicial. Sobre todo y antes que nada, amante de la lectura.  

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