El costo político de la crisis

Opinión

El abogado Julio Picabea (h) analiza la situación que enfrenta el gobierno de Mauricio Macri luego del fracaso político y económico del gradualismo.


El triunfo de la coalición “Cambiemos” en las elecciones presidenciales del año 2015, y su consecuente llegada al poder la colocó, tras tomar las riendas del Estado, en el centro de un triángulo cuyos vértices eran: el déficit fiscal, el déficit comercial y la inflación. Dirigirse hacia cualquiera de dichos extremos impactaba directamente sobre los otros: si la apuesta era lograr mayor equilibrio en la balanza comercial, se debía promover un dólar competitivo (apreciación del dólar) que favorezca al sector exportador, lo cual automáticamente se trasladaba a inflación; si lo que se buscaba era subsanar el déficit fiscal, se debía recortar gastos o aumentar impuestos (la emisión era impensada), dos salidas con un elevado costo político; si se quería frenar la ola inflacionaria se debían mantener las tasas elevadas, lo cual, como ocurre en la economía actual, incentiva la especulación financiera por sobre la inversión real, impactando negativamente sobre el crecimiento económico y el empleo. El Gobierno afrontó la situación con una apuesta gradual, la cual no sólo no funcionó, sino que lo colocó actualmente en la misma situación que al principio, pero mucho más próximo a la elección presidencial del año 2019. Hoy se encuentra nuevamente en el centro del triángulo.

El gradualismo económico fracasó porque terminó deviniendo en un modelo asentado sobre la especulación financiera, volviendo al gobierno vulnerable y dependiente de las fluctuaciones en el mercado internacional. Las medidas no adoptadas en el momento de mayor aceptación popular lo obligaron a llegar a la situación actual, donde el mercado ya ajustó, y donde el costo político se está pagando con la perdida de credibilidad. En el último mes el peso sufrió una devaluación del 20% en relación a la moneda norteamericana (35 % en lo que va del año),  la inflación anual se estima tendrá un piso del 25%, y se terminó recurriendo al Fondo Monetario Internacional (FMI), con la carga ideológica negativa que implica en Argentina, ante el temor de una corrida bancaria. La devaluación que estamos viviendo impacta directamente sobre el poder adquisitivo de los asalariados, mientras que el pedido de socorro al FMI nutre de fundamentos ideológicos a todo el arco opositor. Y es que, con razón, la incursión del FMI en Argentina, sobre todo durante la década del 90, aumentó la desigualdad social y la concentración de la riqueza (véase el índice de GINI de dicha década). 

Recuperar la confianza por parte del gobierno será complicado. Tal vez apelar a designar un Ministro de Economía consensuado con la oposición, que pueda sobrellevar la situación y comunicársela a la sociedad, pueda contribuir a recuperarla. Díficil. Hoy asistimos a dos certezas: la primera es que el gradualismo fracasó, el mercado ajustó y el asalariado perdió; la segunda, es que el peronismo comienza a reorganizarse en miras a, como bien lo expresó Eduardo Fidanza, “un pato rengo en medio del ajuste”.

Julio Picabea es Abogado y Maestrando en Políticas Públicas de la Universidad Austral. Además es Presidente de la Fundación Tucumán Propone y Coordinador de la Carrera de Ciencias Políticas de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.

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