La fiesta que te prometí

OPINIÓN

Una breve reflexión sobre la reacción del público en el show de Viejas Locas.

Foto de Luciano Billone.


“Fuego, fuego / estamos enfermos”, la cita a la canción de Intoxicados después del no show de Viejas Locas en Argentinos del Norte es trillada y reiterativa, pero certera. Durante la jornada del sábado sucedieron cosas que el público las conocía de antemano y otras que se alejaron totalmente del caos regulado que suele ser un show de esta banda.

Cuando comprás una entrada para ver al Pity Álvarez está dentro de las posibilidades que llegue tarde y  no saber en qué estado cantará. Se sigue a una persona que enfrenta claros problemas de consumo y tiene un accionar que resulta imprevisible. Esa cuota de mal trato está asumida por parte del público y justificado en la esencia del ídolo.

El mal trato se camufla dentro de la cultura del aguante y la mistificación de personajes que son falibles y cada vez fallan más seguido. Para una parte de los presentes romper la torre de sonido al grito de “yo pague la entrada” y “soy laburante” es una respuesta lógica a la situación frustrante de que su ídolo les falle.

Para ellos, romper las instalaciones del club pasó a ser el show en sí mismo. Las selfies con la fogata y la emoción de contemplar el fuego de las personas, evidenciaban un disfrute sobre la situación que se vivió después.

Prender fuego una estructura dentro de un recital es poner en riesgo a la persona que tenés a la par y arruinarle la fuente de trabajo a un sonidista que está cumpliendo con su tarea. Las llamas cargan con el significado de 194 chicos muertos en el rock argentino y el sábado eso se olvidó.

La responsabilidad más grande de los incidentes la tienen la producción y el artista, pero no podemos dejar de poner el foco en cómo se comportó el público. La reacción frente a la frustración nunca debe ser poner en riesgo a nuestro par.

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