San Martín, lo viejo, lo bueno y lo increíble de la condena penal

ANÁLISIS

El Santo fue mejor durante el juego con las situaciones más claras y un gran Mercier, pero la definición desde los 12 pasos borró todo lo hecho: Arce atajó para convertirse en héroe, pero los ejecutantes no estuvieron a la altura de las circunstancias. La sensación que deja el debut oficial de la temporada. | Por Alfredo Aráoz

Fissore y Diarte se retiran golpeados. Foto CASM Oficial.




Gonzalo se abatata y le pifia feo al arco cuando Ramiro estaba solo. Se come las muelas el Turbo y también se putea mientras se desacomoda el jopo. Sabe GR7 que entraba solo RC9, el nominado a goleador del ascenso que aplaude al compañero de ruta. Esa jugada es el segundo contacto entre los delanteros. Un rato antes les inventaron una falta con destino de red: no hubo falta de Gonzalo y Costa definía para el 1 a 0, justo en el arco donde empezaban a amontonarse los hinchas tan embalados con el debut de San Martín en la temporada como Orsi-Gómez y como todo el equipo que salió a jugar en modo turbo: veloz, explosivo, a veces acelerado, otras sin esa pausa necesaria para transformarlo en gol.

Cumplido el primer tiempo quedaba en claro que Mercier es el dueño absoluto de este equipo: Pichi maneja el mediocampo como lo hacía cuando salió campeón justamente en Argentinos. Distribuye de primera, toca, baja, mueve: si se agita, si ya la pelada le brilla en modo Blem, Juan Ignacio de Boedo toma aire, traga, recupera la capacidad pulmonar y vuelve al ruedo, surcando el medio en diagonal, y bajando si hace falta a hablarle a Moreira, justo a Moreira.

Porque Moreira es otro viejo conocido como Turbo: Ro-Ro-Rodrigo Carajo es el defensor que sabe que corre desde atrás, que tiene que marcar mucho y correr todo para ganarse a los hinchas, y que ahora corre, pica habilitado, la baja en el área, es un tiro penal en movimiento, es la posibilidad del regreso al gol, el recurso que el defensor tanto amor generó en los hinchas durante su primera etapa, pero que esta noche en La Linda la agarra con la fea, y la pelota besa el poste y Moreira se toma la cabeza por la ocasión perdida y justo de cara a esa tribuna que ya está hasta las manos y que con Los Pibes del Ritmo le pone música y sonido ambiente de fiesta a la noche.

Suenan las trompetas porque San Martín ha sido amo y señor durante el primer tiempo: se ha llevado puesto a Argentinos por fútbol y con un ritmo vibrante, aceitado, picante, el que no tuvo contra los jujeños en Ciudadela todavía en slow-motion (esloumoushon), un ritmo de juego que se quedó con ganas de mostrar en la cancha de Almagro el domingo. Es el frenesí que ahora sí despeja la primera duda de los hinchas: este cuerpo técnico labura, sin el humo del pasado, uno pelado, otro morocho, son Orsi y Gómez, señores: perfil bajo y un plantel bien armado que deja la sensación de que así, a ese ritmo, está para pelear mano a mano a cualquier rival: juegue en la Liga o en la A.

El segundo tiempo es distinto al comienzo: Argentinos sale mejor, como si el cachetazo que no le pegó San Martín se lo hubiera pegado Dabove en el vestuario y aparece el otro viejo conocido de esta historia: Nacho Arce, el número 1, sale flojo de papeles a cortar el tránsito dos veces, vuelve a demostrar su personalidad gambeteando en el área para que se te paralice el corazón y vuelva a latir con el corazón de Mercier y que las trompetas vuelvan a sonar: "Que esta noche cueste lo que cueste, que esta noche tenemos que ganar", la canción que se confirma cuando otra vez Arce se demore en sacar la contra con Gonzalo Rodríguez solo. Pero tranquilos, Nacho tenía otros planes para más adelante.

Que el arquero apure o demore el trámite del juego con el empate sin goles y los penales a la puerta, que saque rápido (con lo bien que saca rápido de contra), eso da indicios de lo que se transmite desde el banco de suplentes: desde ahí viene Luciano Pons, conocido, y el Aguiar. Son cambios que no funcionan porque Ramiro Costa sale en una noche donde no la tocó y Lucho tampoco incide, y porque sale el 5 a 5 del final por el uruguayo que en la primera se jode la pierna derecha, si sale ya no hay más cambios y San Martín se queda con 10, entonces intenta quedarse en el campo de juego, aguanta hasta el descuento en la otra pierna y finalmente vale igual.

A penales nos vamos y aparece un ayudante engominado arengando a los jugadores y desde atrás se escucha "que grita y que alienta...". Y parece que Orsi también los escucha y le mete la arenga final antes de los 12 pasos, los que definen la historia de esta noche en Salta con un gordo encapuchado en KDY pegado al alambrado, Arce le charla al colega y Moreira coloca la pelota para patear el primero y... reventar el travesaño.

Con ese penal se inaugura lo más nefasto de la noche, lo increíble, lo que no es una lotería, como dicen los que repiten frases hechas, ni en el casino más turbio de la Roca se encuentra lo que falta en los ejecutantes ni en los guantes enormes de Arce, guantes que no sirven de nada porque Nacho ataja el primero pero Pons le pega una masa y encima va a saludar al arquero de Argentinos, Arce vuelve a volar como Goyco y Castro patea peor, pero Nacho ataja el tercer penal seguido ya listo para convertirse en héroe, listo para ganarse todas las fotos y el título de los diarios, en meterse en las mesas del brindis esta noche, pero viene Luciatti y la manda al Tren de las Nubes. Entonces no se puede terminar de entender cómo se echa a perder una noche que había sido positiva para San Martín, que dejará cosas buenas de cara al debut del domingo, pero con una eliminación que marca el regreso en la ruta, la primera ruta de todo el viaje que a este equipo le espera.



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