Las 8 claves emocionales para bajar de peso: parte cuatro

VIDA SANA

Cuarta entrega de las columnas semanales escritas por Gerardo Epelbaum, Coach Ontológico Profesional.




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En nuestra primera entrega vimos como las emociones en las que habitamos provocan una química en el cuerpo, química que no siempre favorece una vida saludable. Las emociones son una energía que nos levanta y nos lleva hacia adelante o que nos aplasta y nos deja inmóviles viendo pasar la vida desde un espacio de resignación y apatía en el mejor de los casos.

Recorrimos los efectos sobre nuestra salud de una actitud emocional ligada al agradecimiento, la autocelebración y el perdón.

Esta vez le toca el turno a la espiritualidad.


Primero debemos reconocer que este es un ámbito discutido, muchas veces confundido con una religión. La espiritualidad en el sentido que nosotros hacemos referencia en este espacio excede el ámbito estricto de una religión. Una persona con desarrollo espiritual puede no estar identificada con una religión particular. Incluso puede ser una persona que no crea en Dios.

La dimensión espiritual del ser humano es aquella que excede al ámbito exclusivo de lo corporal y de lo psíquico y se inscribe más bien en una mirada sobre el universo y la relación de todo lo que lo compone.

Cualquier persona en cualquier lugar puede desarrollar su espiritualidad. Pero exploremos un poco que pasa cuando no desarrollamos esta faceta de nuestra vida. Muchas veces las personas que no cultivan esa área tienden a sentirse aisladas y con dificultades para encontrarle un sentido a la vida. La carencia espiritual nos sume en un mundo lleno de incertidumbre, que muchas veces es demasiado pesada para nuestra existencia.  Las emociones que abundan en esa situación tienen que ver con la desesperanza y el pesimismo. Y ya conocemos los resultados que esas emociones tienen sobre nuestra química corporal.

Desarrollar la espiritualidad no necesariamente quiere decir asistir a ritos o formar parte de grupos o instituciones religiosas. Podemos desarrollar nuestro espíritu poniéndonos en conexión con la fuente energética de nuestra existencia, sea como sea que cada uno la conciba: puede ser Dios, puede ser el Sol, la Luna, puede ser el Infinito, el Todo o la Nada. Lo podemos hacer a través de la meditación, el rezo, la plegaria, la respiración, el canto el yoga, la gimnasia, etcétera.

Ser espiritual es una forma de vivir la vida, una manera de sentir que lo que hacemos en cada instante está en conexión con un propósito más grande que nosotros mismos, que puede ser el universo, por ejemplo. Cuanto más grande sea ese propósito más motivación generará en nuestras acciones cotidianas.

Una de las herramientas más plenas para desarrollar la espiritualidad es la  meditación: el efecto general es la claridad de la mente, emociones más tranquilas, más control sobre la vida y la intuición. La intuición es conocida como la guía interna, cuando la persona escucha el susurro del alma, y esta, le guía a través de los altibajos de la vida. Hay muchos tipos de meditaciones con diferentes propósitos para simplemente lograr la quietud y la activación de la energía y la unión con el Ser Superior. Cualquiera sea la forma de la meditación que se practica, es importante hacerlo de una forma regular, y ver cómo nuestra vida adquiere un aroma de espiritualidad. La práctica de la meditación tiene efectos positivos y demostrados científicamente en la química hormonal del cuerpo humano. Y esta acción permite un  camino más directo a un cuerpo delgado.

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