Atlético fiel a su historia: sufriendo hasta el último momento

ANÁLISIS

El conjunto de Ricerdo Zielinski no jugo bien y se vio desbordado por un River que quería dar vuelta la serie. Mucho por corregir de cara a las semifinales.

Foto: TyC Sports.




“Sabíamos que iba a ser así”, señaló el propio Cristian Lucchetti apenas terminó el partido. La sensación era rara en los jugadores de Atlético, con alivio y festejo por lograr el pase a semifinales, pero con preocupación de cara a lo que viene, dejando una imagen pálida ante un River arrollador.

Ricardo Zielinski sabía que iba a ser dura la historia. Con un Millonario decidido a dar vuelta la serie, con toques, presión, mucha presión, y mucha apertura del campo de juego. Buscando el desborde por el sector izquierdo de su ataque, ese que defendía José San Román que fue amonestado antes de los quince minutos y eso lo condicionó. Nicolás De la Cruz lo desbordó todo el tiempo, generando peligro constantemente por ese sector. Haciendo que Yonathan Cabral vaya a darle una mano y generando espacios en otros sectores de la defensa.

El primer tiempo fue para el olvido en gran parte. Aun así, con poco, muy poco, Atlético se las ingenió para inquietar con David Barbona, en dos oportunidades, pero no hubo suerte. La llegada del entretiempo fue un alivio para que el Ruso intente acomodar las piezas y encarar los últimos 45 minutos que terminaron siendo infartantes.

El ingreso de Juan Mercier le dio aire al mediocampo. Las piezas se acomodaron de otra manera y Atlético tuvo diez minutos de alivio. En ese tiempo llegó el gol, el bendito gol de Javier Toledo. Ese que valió la clasificación, como el descuento ante Talleres en la ida de los octavos de final. Unos minutos más le duró el manejo al Decano, hasta que River se despertó del cachetazo. Y otra vez a sufrir.

Llegó el 3 a 1 y una presión asfixiante de los de Marcelo Gallardo. Toques y centros constantes llovían en el área de Cristian Lucchetti, que agigantó su figura tapando varias pelotas complicadas y también tuvo la colaboración de los palos. Lucas Pratto puso el 4 a 1 a cinco del final, más los cinco de descuento, que fueron de pura garra y corazón. Sacando el balón como sea, a como dé lugar.

El pitazo final fue un alivio, un desahogo. Ese sentir propio de alguien que no podía salir del fondo de una pileta y sentía que se ahogaba, que se iba, pero luego de bracear y patalear logra salir a flore y volver a tomar aire. Aunque no por mucho tiempo.

Habrá cuatro días para trabajar otro duro partido ante un Tigre que llega entonado tras eliminar al campeón de la Superliga, Racing. Pero el equipo de Zielinski está preparado para todo tipo de batallas. Está acostumbrado a cambiar de chip y dar vuelta la página. Y hoy, en cancha de River, demostró que es fiel a su historia: sufriendo hasta el último minuto, sino no vale.


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