Atlético ilusiona a sus hinchas con garra y buen juego

ANÁLISIS

El Decano jugó un partidazo ante Independiente, con un Aliendro intratable y un Favio Álvarez que cada vez pide más pista.

Fotos: Matías Juri.




¿Cómo hacen los hinchas de Atlético para no ilusionarse con pelear algo más que la permanencia, el objetivo principal del plantel? El Decano jugó un partido bárbaro ante Independiente, presionando y luchando en la primera parte, tomando aire y liquidándolo sobre el cierre, cuando las papas quemaban.

Los números del equipo de Ricardo Zielinski hablan por sí solos: de los nueve encuentros que disputó, ganó cinco y empató cuatro, es el único escolta de Racing, es uno de los dos equipos invictos de la Superliga y, junto a la Academia, es el que más goles convirtió, y eso que decían que el Ruso era defensivo.

Este Atlético se construye de atrás para adelante, tiene su pico fuerte en el mediocampo y delanteros que hacen lo que sea por marcar y sino, generan para sus compañeros. Con un Cristian Lucchetti líder desde el arco, una pareja de centrales sólida arriba y abajo, que dan seguridad en todo momento, hasta cuando pierden la pelota por salir jugando, haciendo todo por recuperarla rápidamente.

El mediocampo es uno de los puntos más fuertes. El tridente Acosta-Aliendro-Mercier cada vez se entiende más. El Pichi jugó ante Independiente su mejor partido en Atlético. Ganó arriba, abajo, cubrió bien los espacios, siempre se la dio limpia a sus compañeros y los supo ordenar en el momento que se sintieron incómodos. El Bebe, es el Bebe. El de la Banda del Río Salí es una máquina, como lateral y como volante. Va y vuelve, pelea por todos lados, gambetea, asiste. Una máquina.

Rodrigo Aliendro merece un párrafo aparte. Lo que viene jugando el ATR (A Todo Ritmo, como le dicen sus compañeros) es una cosa de locos. Hace todo bien. Absolutamente todo. Quita, distribuye, descarga, va, defiende, va, ataca. Te saca una pelota en el borde del área y a los 10 segundos lo ves definiendo en el área rival. Es el motor de Atlético. Se ganó a los hinchas con huevos y sacrificio, entregando, “Dejando el alma por esos colores”, como dice la canción. A su juego, ATR le agregó goles, y maravillosos. Acomodándola con el pie lejos del arquero contrario, agarrándola arriba de la rodilla, bien complicada, pero clavándola en el ángulo, o de cabeza. Hoy en día es uno de los mejores jugadores de la Superliga y con su estilo hay muy pocos.


A la hora de hacer los cambios, Zielinski también dio en la tecla. Leyó perfectamente el partido tras la expulsión de Pablo Hernández, poniendo a Favio Álvarez apenas tres minutos después. Y el platinado la rompió. Volvió a ser el Favio de antes de la lesión, pidiendo la pelota, buscando abrir el juego o cerrándolo en los momentos justos, con pases quirúrgicos y gambetas intratables. David Barbona también ingresó bien, siendo el descargue y apoyo de Álvarez. Javier Toledo volvió a la cancha luego de seis meses y cumplió: pivoteó, ganó arriba y descargó bien. Malogró un gol bajo el arco, pero medio incómodo.

Adelante Luis Miguel Rodríguez y Mauro Matos fueron sacrificio, entrega y empuje. El Pelado ganó todas por arriba y PR7 se preocupó por el generado de juego, haciendo que la pelota pase por sus pies casi siempre. Físicamente el Pulga pasa por uno de sus mejores momentos, lo que hace que termine todos los partidos corriendo hasta el último minuto.

Este es el Atlético de Zielinski. Ese que se mantiene invicto y escolta de Racing. Ese que golea al equipo que quieren ver “con un habano y un whisky desde la platea”. Ese que gana de visitante y de local. Ese que se repone cuando parece perdido y no hay que darlo nunca por perdido. Jugando así, ¿cómo no ilusionarse?


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