“Nos caían las lágrimas”: Maxi llevó la bandera y conmovió a todos

Emocionante video

Máximo Sosa tiene seis años y un accidente le provocó una lesión que lo obliga a moverse en una silla de ruedas, pero su vida es como la de cualquier niño de su edad: juega, ríe y baila folclore. Para el día del maestro le tocó llevar la bandera y emocionó a todos. Mirá el video y emocionate vos también.

Máximo fue abanderado en el acto del día del maestro.




Suenan las primeras estrofas de la marcha de la bandera, esa que reza: “Acá está la bandera idolatrada, la enseña que Belgrano nos legó”, Máximo Ismael Sosa avanza portando la celeste y blanca con el pecho henchido de orgullo y una sonrisa tímida en su rostro de niño, detrás de él,  Ian y Renata, sus compañeros de la Salita de cinco años A, hacen de escoltas y empujan la silla de ruedas de Maxi. A Noelia Díaz, la mamá del abanderado, le tiembla el pulso de la emoción, pero se las arregla para registrar el momento desde su teléfono celular. Tiene los ojos humedecidos por las lágrimas, como casi todos los que el martes pasado presenciaron el acto por el día del maestro en la escuela Marco Avellaneda. Maxi siempre es protagonista de los actos escolares: ya hizo de José de San Martín y bailó folclore, pero esta es la primera vez que lleva la bandera y justo un día antes de cumplir los seis. Dice que ese fue su regalo anticipado. 

Cuando Maxi llegó el viernes de la semana pasada de la escuela a su casa del barrio Francisco Primero acompañado por la mamá de una compañerita del jardín, le tenía preparada una noticia a Noelia: 

- Mamá, tengo una sorpresa: voy a llevar la bandera.

No había terminado su mamá de llenarlo de besos de felicidad cuando él le dijo: “Es un regalo por mi cumple”. Es que el 11 de septiembre Maxi cumplió seis años y los festejó con una torta llena de chupetines y chocolates.

“Fue algo muy fuerte, es mucha emoción. Ha sido muy fuerte para mí y para mi familia, nos caían las lágrimas cuando lo veíamos. A mí me temblaba la mano, no sé cómo he llegado a filmar, era un momento de mucha emoción. Es difícil de explicar lo que se siente en ese momento”, relata Noelia, de 29 años, todavía conmocionada con lo que vivieron ella y los suyos en la celebración por el día del maestro. “Maxi se siente igual que cualquiera de los demás”, recalca la madre quien asegura que mucho tuvo que ver la seño de la salita A, Débora Herrera, en esa integración de Maxi con el resto de sus compañeritos: “Su señorita es una excelente maestra. Él era muy cerrado y no quería ir al jardín, pero  se encariñó mucho con la seño; ella lo hizo sentir parte”. 

Los niños y niñas de la salita también lo recibieron con mucho cariño, como su amiga más cercana, Renata, que lo escoltó en la bandera y que bailó folclore con él en otro acto de la escuela. “Se lleva bien con sus compañeros, son muy buenos con él. Los chicos son muy compañeros y muy atentos con él”, cuenta Noelia. No sólo comparten los juegos entre todos, sino que también los niños lo ayudan cada vez que lo necesita. Con su alegría y energía, Maxi es el alma de la salita de cinco. 




La tragedia se cruzó en la vida de Maxi bien temprano, cuando apenas tenía un año. El 24 de agosto de 2013, en la esquina de la avenida Roca y Miguel Lillo, un accidente de tránsito le provocó una lesión medular. Mientras que su padre, Cristian, resultó con una fractura expuesta de tibia y peroné. Después de más de un mes de internación, Maxi no volvió a recuperar la movilidad de sus piernas. “Nos ha costado muchísimo. Me ha afectado muchísimo a mí y a toda mi familia. Esto es una lucha de todos los días. Él usa una sonda para hacer la pis y tenés que acompañarlo y ponerle la sonda cada cuatro horas”, cuenta Noelia cómo tuvieron que sobrellevar la afección de su hijo. Desde los dos años que Maxi usa la silla de ruedas, pero eso no le ha impedido hacer lo que hacen los demás niños. 

“Tiene un gran espíritu de vida esa criatura. Hace willy con la silla de ruedas, va de acá para allá, él anda, anda y no se cansa. Hace travesuras como toda criatura, es muy travieso. Él se maneja solo desde que maneja la silla. En la escuela tiene muchos amigos, por ahí se escapa, te descuidás y se va a la vereda. Hay que tener cuidado porque si no se va.”, cuenta Noelia y sus palabras son de emoción y también de ternura. 

Cuando era más chico, la comida que más le gustaba a Maxi era la pizza, pero ahora es fanático de las hamburguesas y de los panchos. No se cansa de ver la patrulla canina y la película “Hotel para perros”, tanto le gusta que la ve todos los días, asegura Noelia y no exagera. No sólo ya aprendió a escribir su nombre en el jardín de infantes, sino que maneja el celular como todo un millennial, busca videos y baja juegos, sobretodo de fútbol: “es tremendo con el teléfono”, dice su mamá. En cuanto a juguetes, le fascinan los autos y las motos. También jugar a las bolillas. 

Pero si hay algo que a Maxi lo fanatiza es el club del cual es hincha: San Martín de Tucumán. Los días que el Santo juega de local, sus padres cuidan motos y autos en las calles que rodean al estadio. Maxi suele acompañarlos, pero todavía no ha vivido un partido en La Ciudadela. Espera con ansias que llegue ese día: “La locura de él es San Martín. Sueña con conocer la cancha”, dice su mamá. 

Según cuenta Noelia, Maxi estuvo muy contento de llevar la bandera el día del maestro. No paró de pedirle a sus familiares que le sacaran fotos y que lo filmen, quizás para presumirle a sus hermanos: Luana, de diez años, y Bautista, de siete. No es para menos, Maxi ya fue prócer y también bailarín, ahora le tocó portar la bandera y conmover a todos. 

Mirá los videos de Maxi como abanderado y bailando folclore:





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