“No vives de ensalada”: Veganos que vencen los prejuicios en Tucumán

Historias de acá

La pelea entre activistas veganos y gauchos en la rural los colocó en el centro del debate nacional. ¿Cómo viven y cómo piensan los tucumanos que le dicen no a la carne? La historia de la militante Adriana Mabel Zurita y su mensaje: “No es un capricho. Estamos en vías de una catástrofe y la única manera de salvar al planeta es dejar de consumir animales”.

Activistas veganos en acción.




Hace cinco años, Adriana Mabel Zurita adoptó a una perra de la calle a la que bautizó con el nombre de Farah. Ese mismo año, gracias a internet, tuvo acceso a un video que mostraba el cruel sufrimiento al que son sometidos los animales por la industria alimentaria. Apenas unos minutos bastaron, no alcanzó a terminar de verlo, las imágenes le generaron una repugnancia que la conmovió y que produjo en ella un cambio que la transformaría por siempre: “Cómo puede ser que ame a mi perro y coma carne, me cuestioné, ambos animales tienen la misma capacidad de sentir. Ahí dije: a esto no lo hago más, no quiero ser parte de este sistema de muerte”. Hasta entonces, Adriana disfrutaba circunstancialmente de un asado con amigos o de un panchuque en la peatonal. Después de ese día, nunca más.  

La decisión de Adriana, a quienes todos conocen como “Ayi”, no sólo cambió su relación con la comida y con el resto de las industrias que explotan animales como la moda y la cosmética, sino también con los demás. Una vez que se volvió vegana, comenzaron a mirarla como un bicho raro. Aparecieron los prejuicios, las chanzas y las ofensas, incluso de sus amigos más cercanos: “Sufrí muchas burlas y ataques que han llegado a desestabilizarme, pero yo nunca he contestado desde la violencia, siempre desde la información. Te ponen apodos,  te mandan fotos de las parrillas cuando hacen asados, te dicen vergana en lugar de vegana o te cantan la canción esa de los Simpsons que dice: no vives de ensalada”. Adriana hizo oídos sordos de los comentarios hirientes y afianzó su militancia contra todo tipo de uso de los animales, siempre desde una postura pacifista: “La gente ataca lo que es diferente, ellos saben que lo que hacen no está bien, igual, nunca hay que utilizar la violencia”. 

Esa misma incomprensión fue la que se tradujo en violencia el último domingo cuando alrededor de 40 activistas veganos irrumpieron con pancartas amarillas que decían “basta de matar animales” durante una ceremonia de premiación en la exposición rural de Palermo, en Buenos Aires. La respuesta de las decenas de hombres ataviados como gauchos fue correrlos con los caballos y amenazarlos con facones, en una escena que parecía propia de las montoneras del siglo XIX y que no tardó demasiado en volverse viral en las redes sociales bajo el insólito título de gauchos vs veganos. “La manifestación fue pacífica, no se justifica como los violentaron. Podrían haberles pedido que se retiren porque ninguno se resistió y no fueron a insultar ni nada. Para mí la reacción fue desmedida, aunque se cumplió con el objetivo de que se hable de esto en todo el país”, destaca Adriana, a la vez que pone en duda la autenticidad de los gauchos agresores: “No sé si fueron gauchos en realidad. No son los gauchos que se ven en los desfiles, son gente rica, de alto poder adquisitivo; son grandes terratenientes que son dueños de muchas hectáreas de campos, no son gauchos de pueblo”. 


Según explica la activista tucumana, los militantes suelen realizar este tipo de acciones en supermercados, en shoppings y en las exposiciones rurales donde, si bien los animales no tienen destino de matadero, son exhibidos como trofeos y expuestos ante el público. Es que el activismo no apunta sólo contra los que sacrifican a los animales para consumo, sino también a todo tipo de uso y explotación de estos, como sucede en las jineteadas o riñas y aquellas industrias que los utilizan por sus pieles o para realizar experimentos como es el caso de las industrias de la moda y de los cosméticos. Ahí, en la exposición rural, los animales “son expuestos como en una vidriera”, asegura. 

Adriana tiene 39 años, es profesora de inglés y vive junto a su esposo y siete perros rescatados: Farah, Tanguito, Amy (por Winehouse, la cantante británica), Buseca, Vera, Phoebe (por el personaje de la serie Friends) y África. Se sumó hace cinco años a la militancia contra el especismo, al que describe como una forma de discriminación (como el racismo, el sexismo y tantos otros ismos) contra otros animales diferentes a la especie humana. “Internet es una herramienta súper poderosa, por ahí empecé a ver videos a grupos veganos y mascoteros. Hasta entonces, no entendía lo que le sucedía a los animales, estaba dormida, no sabía de dónde provenía nada de lo que consumía, creía que las cosas venían por arte de magia. Creo que con ser vegano no alcanza para salvar a los animales, sino que hay que volverse activista”, destaca. 

Desde el año pasado, milita junto a otras 24 personas en la asociación independiente “El Cubo de la verdad”, cuya marca distintiva son las acciones en las que se presentan con máscaras de animales, proyectan videos que visibilizan la crueldad que sufren los animales por las distintas industrias, pegan afiches y reparten panfletos. Todas esas manifestaciones son pacíficas y se realizan generalmente frente a las grandes cadenas de comidas rápidas. 


“En los últimos 44 años, los humanos hemos extinguido el 60% de la fauna salvaje. Por segundo mueren cinco mil animales en manos de las industrias  alimenticias ¿Cuánto van mientras estamos hablando? “, se pregunta y en esta hora de entrevista la cifra asciende a 18 millones. “Lo que hacemos no tiene nombre”, insiste, a la vez que advierte que una persona que deja de comer carne y de usar productos animales salva en el primer año entre seis y ocho vacas. Toda esa información la fue adquiriendo como parte de su formación en el activismo y también la aprenden aquellos que su suman a la causa. 

Adriana suele recibir cada vez más consultas de tucumanos que, por razones éticas o por salud, quieren dejar de comer carne, ya que, asegura “el causante número uno del cáncer en el mundo es el consumo de carne”.  A su vez, también son cada vez más los restaurantes en la provincia que ofrecen opciones veganas en sus menús, como parte de una movida que ha ido creciendo año a año. 

Ella y sus compañeros de “El Cubo de la verdad” han convocado a una sentada pacífica mañana a las 18.30 en repudio a lo que sucedió el pasado domingo en la exposición: “A raíz de lo que pasó en la rural nos vimos en la necesidad de apoyar a nuestros compañeros como veganos y activistas. Todas las manifestaciones en todas partes son pacíficas y nos vimos en la necesidad de visibilizar el apoyo”, expresa y vuelve a insistir en la necesidad de una toma de consciencia de toda la población: “No es un capricho. Estamos en vías de una catástrofe y la única manera de salvar al planeta es dejar de consumir animales. Los videos que pasamos son la realidad y son muy fuertes, muy crudos porque muestran cómo sufren los animales y las aberraciones que les hacen. Ellos sufren un verdadero holocausto animal”. Imágenes tan impactantes y conmovedoras como aquellas que vio hace cinco años y la hicieron cambiar para siempre.  

Mirá como reaccionaron los gauchos ante los activistas veganos y las acciones de los tucumanos:




Top