Conmoción en Tafí Viejo: "A los duendes les arrancaron las orejas"

HISTORIAS DE ACÁ

Aparecen en selfies por las yungas, esconden las llaves en las fincas y cuidan las casas de la Villa Obrera: Darío Cortez y Walter Romano crearon una aldea con locomotoras y casas, pero esta mañana se llevaron la peor noticia: "Tenemos ganas de llorar". ¿Quiénes fueron? FOTOS

Duendes destrozados en las yungas. Las fotos son de Darío y Walter.




Un turista anda caminando por los cerros de Tafí Viejo: un paisaje frondoso partido por un sendero lo acompaña. Al turista se le ocurre que es un buen paisaje de fondo para una selfie. De hecho se la saca: cuando la mira, hay alguien en movimiento detrás, perdiéndose entre los árboles. Y no es un perro. Ni un gato.

Un grupo de trabajadores está en la finca del patrón. Ceban el último mate en ronda, cuentan el último chiste pero se les borra la mueca cuando van al tractor y les desaparecen las llaves. “¿Quién me escondió las llaves?”, pregunta, subido al tractor. Los otros lo miran y sonríen. De lejos, entre las plantas, se escucha una carcajada y el tintineo metálico de las llaves. Cuando salen a buscar las llaves, los tractores ya están en marcha. Alguien encendió los tractores con las llaves que estaban perdidas.

Situaciones así pasan en Tafí Viejo desde que es Tafí Viejo. La leyenda cuenta que había un chamán llamado Ishma, quien lideró la primera expedición hace siglos a las tierras que hoy son Tafí Viejo. Y que en esa expedición murió un niño y que ese niño es uno de los primeros duendes que habitaron la zona y que siguen apareciendo en una selfie, cerca de un tractor o en los talleres ferroviarios cuando despertaban con su sirena a la ciudad, bien temprano, a las cinco, para poner en movimiento a Tucumán.

Darío Cortez es hijo de uno de los trabajadores ferroviarios de Tafí Viejo y creció escuchando historias de los duendes en las sobremesas con su padre. Cuando creció, se convirtió en fotógrafo y en una feria artesanal se cruzó con El Duende Tucho, con Walter Romano, un artesano que hace duendes como los que viven en los jardines delanteros de las casas de la Villa Obrera, cerca de un enorme neumático de tractor convertido en una gran maceta redonda con flores y plantas custodiadas por nuestros pequeños guardianes, siempre sonrientes con barba o lampiños, con gorro o sombrero, pero ahí, siempre de pie.

“No son objetos decorativos los duendes. De hecho, cuando alguien adquiere un duende establece un pacto con los duendes como que protejan la finca o la casa. Deben ponerle un nombre y darle una misión. Mucha gente lo tomaba como burla de gracia, pero nada más alejado de la realidad”, explica Darío Cortez, quien recuerda algunas de las andanzas de sus amigos: “Hay muchas versiones de los ferroviarios y cosecheros, hay muchas conexiones con los duendes. De los mitos y leyendas, hay muchos casos que la gente no conoce. Hay gente que vive en las yungas, gente que vive en fincas, ellos los vieron a los duendes. Es conocido el caso de un señor que tiene una finca y les sacaron las llaves del tractor. Se les perdían las llaves y les arrancaban los tractores. Cuando los duendes les escondían las cosas, los que creen en ellos, les dejaban golosinas para que vuelvan a aparecer las cosas”.

En la feria artesanal ya mencionada, Darío se reencontró con Walter Romano y pusieron en marcha un sueño: “Nos conocíamos hace mucho. Lo encuentro en una feria de artesanos. Como soy fotógrafo, le cuento que hago mucho la naturaleza. Y le digo: ‘Walter, tengo una aldea para tus duendes. Aquí en las yungas taficeñas”. Walter queda maravillado y de ahí surge el proyecto. Esto fue hace cuatro meses. Empezamos a limpiar, dejamos todo bien para que la gente pueda conocer la aldea de los duendes, largamos con 30 duendes y sus respectivas estaciones, inauguramos, pero empezaron los problemas”.

Los “problemas” los encontraron en los vecinos de Tafí Viejo, lamenta Darío Cortez. “La gente se venía quejando del precio de las entradas de 100 pesos. Es una colaboración para el mantenimiento del lugar y además les damos la foto familiar del paseo, sin contar que es un circuito guiado que se hace con la familia. Es la primera aldea duende del norte argentino. Hay casa duende, museo duende, pero no aldeas. Y es la primera aldea en el mundo realizada con material reciclable”.

Los vecinos de Tafí Viejo se quejaban porque es un lugar público, por qué tienen que pagar. Es un lugar que cuidamos nosotros y muchas veces el que no podía pagar entraba gratis. No contamos con subsidios de la intendencia ni nada por el estilo. Criticaban a la intendencia (de Javier Noguera): ‘Qué mal la intendencia, que mal que la mayoría no lo pueda disfrutar’, decían. Solo tenemos el apoyo de la intendencia para hacer la aldea, no cobramos nada del municipio. No entendemos qué les molesta. La gente no se conforma con nada”, lamenta Darío, quien más allá de lo que dice jamás imaginó el escenario que iba a encontrar esta mañana cuando fue a la aldea, nunca pensó que el sueño iniciado iba a convertirse en la pesadilla que narra a continuación.

“Teníamos una visita con otra gente esta mañana. Cuando llegamos al lugar nos dimos con la novedad de lo que pasó. Estamos destrozados: se llevaron dos personajes de la aldea, les arrancaron las orejas a los duendes, partes del rostro. Las plantas que adornaban fueron arrancadas. A las cabañitas de los duendes le sacaron los techos, rompieron los paneles, y las pelotas que decoraban las tiraron a un zanjón. No tenemos idea quién fue”, jura Darío, quien planificaba el paseo cuando se encontró con el escenario desolador: una locomotora para duendes dada vuelta, el duende lata golpeado con carteles, plantas arrancadas, duendes sonrientes sin pedazos de cara, con las piernas dobladas, un dolor que lo llevó a publicar en las redes sociales: “Lloré de la bronca. Ahora mucha gente que ama esto, queda sin nada. Le pedimos que devuelvan las plantas y los personajes que se robaron. Les pido por favor, es nuestra fuente de trabajo”. 

De las estaciones que incluyen el paseo de los duendes, hay un lugar que simboliza el sentimiento de Darío y de Walter: “La aldea del reciclaje empieza con una ceremonia: se le entrega una tapita roja a cada visitante, quien debe pedir un deseo que no sea algo material. Esa tapita va a la fuente del deseo y luego va introducida en el corazón del duende. Ese deseo le va a dar vida al duende. A través de las otras estaciones, le damos vida al paseo contando la historia de Tafí: la cultura, la educación, la historia de los talleres ferroviarios, la citricultura, y todo con material reciclable en sintonía con nuestra ciudad que se preocupa mucho por el ambiente. Estas cosas que pasan nos duelen muchísimo, pero ya estamos de nuevo limpiando y volviendo a poner a los duendes en sus casas. Mañana recibimos gente y nos gustaría que ellos y todos los que nos visiten lo puedan disfrutar, por nosotros, por nuestros duendes”.





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