El día que apagaron la luz

LA CRÓNICA DEL DOMINGO

Una joven sorteando el caos vehicular. El especial por el Día del Padre que no suena en la radio. Una familia con el alma en vilo por su hijo con respirador artificial. El corte eléctrico más grande de la historia, contado por tucumanos.




Minutos antes de las 7.07 del día que apagaron la luz, un hombre cae frío al piso. Está muerto, lo acaba de asesinar una mujer que quiere rescatar a un joven que ha caído preso de la adicción a las drogas. Mientras corren a la salvación, quedan completamente a oscuras. Constanza Scotta, de 27 años, no recuerda el nombre de la película que pasaban a esa hora en la tele, tampoco el canal. “Haciendo zapping me engancho con la película y chau electricidad”, reniega y parece pedir pistas del título del filme para ver cómo terminaba. Estaba despierta desde las 6 y no pudo volver a conciliar el sueño. Cuando ocurrió el corte chequeó que todo estuviera en orden para descartar una falla en su departamento del piso tres de uno de los cientos de edificios de barrio Norte. Recién al salir al balcón pudo comprobar que no era sólo ella, sino que toda su zona se había apagado. Sólo por una ventana brillan luces, de emergencia o acaso sostenidas por un grupo electrógeno. Ve hasta donde le permite la tenue claridad del amanecer en curso y saca su celular para registrar el momento. Fue uno de los primeros videos que circularon por los celulares de los tucumanos ese domingo, vía Twitter. “Me quedé despierta como hasta las 9 siguiendo todo lo que subían a los hashtags #apagon #sinluz y riéndome con otros usuarios que también contaban sus anécdotas”, recuerda Constanza que, además, se reconforta de vivir en un tercer piso y no en un onceavo, como su hermano, que debió bajar las escaleras con un coche en mano, con su pareja e hijo, cuidándose de no dar pasos en falso. A Constanza la contactaron periodistas de medios de cuatro países: de la BBC y Sky News de Inglaterra, del tabloide Bild de Alemania, La Sexta de España y una agencia de noticias japonesa. Su video, que era idéntico a cualquier otro registro de una interrupción de servicio común, como esas que ocurren en pleno verano tucumano con casi 40 grados a la luz de la luna, daba la vuelta al mundo. Quedaba claro, entonces, que se trataba de un hecho sin precedentes.


El día que apagaron la luz, en Tucumán helaba; el termómetro marcaba apenas ocho grados. Estaba algo nublado y no llovía desde hace unas horas. Muchos seguían acostados, descansando del trabajo o con resaca después de un sábado de fiesta, como la que hubo la noche anterior en una de las casas de calle Congreso al 700. En una casa contigua, el pasillo amaneció a oscuras; usualmente dejan la luz encendida para cuando las nenas se despiertan en medio de la noche y caminan hasta el cuarto de sus padres porque quieren agua, pis o por el miedo que les provoca la distancia, esos pocos metros que las separan de un abrazo cálido y un arrullo adormecedor. Los switcher del tablero eléctrico están intactos, apuntando hacia arriba como indica el manual de los inútiles que nada sabemos de arreglos hogareños. Bien podría tratarse, entonces, de una broma de jóvenes enfiestados, que suelen cortar la electricidad desde el exterior, donde el medidor carece de candado para trabar la tapa. Pero está todo normal. En el quiosco 24 horas en la esquina de Rondeau y Congreso tampoco hay luz. La chica que atiende permanece sentada y mirando su celular, fastidiosa. Su primer reflejo es putear a EDET, empresa distribuidora eléctrica de la provincia. Que las inversiones no llegan, que las obras no se hacen, que la venta excesiva de aires acondicionados frío-calor durante una década anterior. Nunca imaginó la verdadera razón del apagón ─histórico, por cierto─, que recién varias horas después salieron a aclarar las autoridades nacionales a través de las redes sociales, el único canal por el que circuló información, al menos para quienes recordaron cargar su celular.

Aproximadamente a una hora del corte se conocería que el problema era de escala nacional. A las dos horas la noticia adornaría portadas de medios internacionales. Poco después algunos portales utilizarían la palabra “vergüenza” en sus titulares. Es que Argentina no fue el único país afectado; también padecieron la falta de energía Brasil, Chile y Uruguay. Más de 50 millones de personas sin electricidad porque ─según dijeron fuentes de la Secretaría de Energía de la Nación a diario Clarín─ tormentas en El Litoral dañaron las líneas de distribución entre las plantas hidroeléctricas Yacyretá y Salto Grande. Ya al mediodía, en la mayoría de los quioscos y almacenes de la Capital se habían agotado las velas. Fue Amaicha el único lugar donde no se movieron de las góndolas. La localidad donde el sol sale siempre fue el único lugar en la provincia donde no faltó electricidad, gracias a un antiguo generador que funciona a gasoil. Este domingo se cumple una semana del apagón. Aún no hay mayores precisiones de lo ocurrido. Las habrá recién el lunes 30 de junio, según adelantó en radio La Red el propio Gustavo Lopetegui, secretario de Energía de la Nación, habiendo pasado bastante tiempo de la interrupción.

Cuando ocurrió el apagón histórico era Día del Padre. Constanza salió con su novio y el hijo de su novio a su casa paterna para festejar. Fueron en auto. Los semáforos estaban inhabilitados y la gente circulaba sin reglas, a instinto puro. Su alma de “tachera”, como ella misma cuenta, hizo que no demorara demasiado en los cruces. “Para mí fue fácil ya que amo manejar y tengo alma de tachera; pecho con el auto como si fuera una camioneta gigantesca”, asegura jocosa la joven, que sorteó con facilidad las intersecciones de avenidas Salta y Sarmiento y de Belgrano y América. “Tuve que encerrar a un colectivo y pasar esquivando giles por miedo a que cortaran todo el paso y no avanzaran, para poder retomar algo el control”, recuerda. Le sorprendió especialmente una fila interminable de vehículos queriendo cargar combustible en una estación de servicio de Viamonte y avenida Belgrano: “Esa gente creo que posta pensó que era el fin del mundo”. Algunas de las escenas que circularon a través de las redes sociales daban cuenta de situaciones dignas de capítulos de series apocalípticas, de esas de zombies, donde las ciudades son un caos en las primeras horas del evento que desencadena el comienzo del fin, hasta que llega el silencio de la desolación. Ni un agente de tránsito municipal se apersonó para controlar el tránsito. O eran todos padres o el celular de quienes debían activar algún tipo de dispositivo de emergencia estaba sin batería.



A las 7, Daniela Villalobos, de 35 años, llevaba una hora cuidando a su hijo Santino, de seis años. Su marido, Eduardo González, de 42, lo había hecho durante toda la noche. A las 6 hicieron el cambio para que él se acostara a dormir. Daniela estaba mezclando la leche de su pequeño, con agua de un termo que la acompaña para matear durante las 12 horas seguidas que permanece en la habitación, cuando de pronto se fue la luz. Llamó rápidamente a Eduardo, que apenas minutos antes había terminado la guardia, y activaron un plan de emergencia para estos casos. El pequeño Santi es electrodependiente, necesita equipamiento eléctrico para sobrevivir. Un respirador artificial reemplaza a su sistema respiratorio, deteriorado luego de una operación deficiente, un largo coma y el contagio de un virus. “Él miraba todo, porque se daba cuenta que pasaba algo extraño”, dice sobre la reacción de Santino al momento del corte, quien perdió toda movilidad, pero no las sensaciones. Como todo niño, llora, cierra los ojos cuando se enoja para ignorar a sus padres y se sonríe cuando mira a Los Minions en la televisión. El respirador cuenta con una batería con independencia de tres horas. Al agotarse la carga, la familia cuenta con dos opciones más: un ambú, que es una bolsa que se conecta a la traqueotomía de Santino y se infla de forma manual, y una batería de gel para recargar parcialmente el respirador. De esa forma, irían intercalando maniobras para mantener a su hijo respirando, ya que no puede pasar más de 15 minutos sin asistencia mecánica. La vida no es fácil para Daniela y Eduardo; viven por y para su hijo, desde que se despierta a la mañana y cuando duerme de noche. De lunes a viernes hay enfermeras que atienden al pequeño en su hogar de El Manantial. Ella tiene un trabajo estable, pero él debió dejar su empleo de auditor y dedicarse a hacer trabajos de audio y limpieza en automóviles, tareas que puede hacer sin salir de su casa. Con suerte, duermen cuatro horas al día. “Un papá que tiene niño electrodependiente ya no vuelve a dormir profundo, adopta un sueño atento”, confiesa Daniela, que hoy lamenta las consecuencias del apagón. Santino permanece dormido a causa del aire frío que respiró el día del apagón. La falta de electricidad hizo imposible mantener el ambiente en 24 grados, como necesita Santi. “Llevamos tres días que esta súper decaído, con muchos mocos; ahora está sedado. Cuando él está muy enfermo lo tenemos que dormir para que no sufra esa falta de aire”, reniega la joven madre. Como Daniela y Eduardo, otras familias tucumanas con familiares electrodependientes padecieron el apagón. La Provincia fue una de las primeras en adherir a la Ley Nacional 27.351 de Electrodependientes. Sin embargo, la reglamentación continúa pendiente, por lo que unas 450 familias en Tucumán ─según datos de la Fundación Luz Para Ellos─ no pueden acceder aún a beneficios como descuentos en la tarifa de la luz, comunicación exclusiva con la empresa de distribución eléctrica en caso de interrupciones y el acceso a grupos electrógenos y baterías en gel de forma gratuita.

El día que apagaron la luz no sonaba Charly; no sonaba nada. La radio, el medio que resiste el avance de la tecnología, y el más consultado en situaciones de emergencia, se quedó muda. En Tucumán, al menos, quedó en evidencia la falta de previsión para momentos de crisis, sin grupos electrógenos ─hasta en las grandes emisoras─ para transmitir lo que todos esperaban oír en un parlante a pilas o en el mismo celular. Cerca del mediodía, en medio del ruido blanco del sintonizador sólo se podía percibir muy débil el relato de un partido de fútbol entre Atlético Tucumán y San Martín (clase 2012), pasando los 100 megahertz. Federico Andújar, de 32 años, es operador técnico del Grupo Network, firma que gerencia las repetidoras de FM Del Plata, Rock & Pop y Millenium. Como todos los domingos se despertó temprano, pero al presionar el interruptor de la luz la oscuridad permaneció intacta. Chequeó primero que no se tratara de una falla interna. Negativo. Se vistió y salió camino al trabajo, a la vueltita por calle Virgen de la Merced, donde debía operar el programa ‘El Club de los 90’, conducido por Lucio Farías, que va de 10 a 12 todos los domingos por Del Plata (93.9 Mhz). El ciclo mezcla la palabra con música internacional y nacional de los 80 y 90, temas bolicheros y algunos latinos. Para el día del apagón tenían preparada una selección especial. “Llegué como a las 8.30 y nos dimos con que estaba todo apagado y la luz no volvía, y esperamos como hasta las once y media”, recuerda. Junto a Lucio, su compañero radial, revisan sus celulares en busca de información. Así se enteran que el problema no es sólo en Tucumán. Federico llama a las encargadas de turno, pero la comunicación se torna complicada. La distorsión no lo deja oír con claridad. “¿Hola? ¿Hola?”. Silencio. “A mí me ha pasado de hablar con las encargadas y se cortó, se escuchaba distorsionado y se cortó; era como la Guerra de los Mundos”, recuerda y ríe. Por el apagón histórico, ni Sergio Denis con su “Gigante chiquito”, ni Pier con “Mi viejo”, pudieron deleitar a los miles de papás tucumanos que esperaban ser agasajados, rodeados de sus familias, en la mesa comiendo asado o lo que dé el bolsillo en estos días que están pasando, con la fiel radio de fondo, queriendo saber lo que hicimos todos, el día que apagaron la luz.

El día que volvió la luz después de casi doce horas, Constanza y su familia festejaron como si fuera un gol de la Selección Argentina en la final de un Mundial. Daniela y Eduardo agradecieron al cielo. Y Federico volvió a la radio a poner música, algún tema noventoso, o esa canción que dice que llegó el día para estar juntos, haciendo todo a pesar del mundo...

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