Buscan al loro tanguero que se perdió en Las Talitas

Ave arrabalera

La familia Molina está destrozada. Desde el viernes que Raúl, el loro que silba tangos, no aparece. La búsqueda intensa de la mascota y una sospecha: ¿fue secuestrado?




Raúl es la alegría de todas las mañanas de la familia Molina. Apenas despunta el sol en el horizonte de Las Talitas, el loro silba imitando a otras aves y también al zorzal criollo. Sí, Raúl chifla las melodías de los tangos desde su aro en el patio. El viernes fue la última vez que la familia se despertó acompañada de su peculiar canto. A la tarde, como no llamaba pidiendo comida, fueron hasta el patio y encontraron el aro vacío. Desde entonces, los Molina lo buscan intensamente, temen que lo mate la tristeza.

Raúl llegó a la familia Molina hace cinco años, cuando era todavía pichón y recién estaba emplumando. Lo trajo un camionero amigo desde la zona del Chaco. El loro se crió a pan con leche y a polenta servida tiernamente en el pico. Desde entonces, fue Miguel Moreno, de 83 años, quien se empeñó en enseñarle a hablar. Mucho no aprendió justo es decirlo, apenas sabe decir papaaaa estirando las aes casi lastimosamente. Para la música sí salió bueno el loro, baila  al ritmo del cuarteto y silba tangos con porte arrabalero mientras acompaña a Miguel que pasa sus tardes en el amplio patio de su casa. Él es ahora quien más siente su ausencia. Desde que Raúl se fue nadie canta tangos con él.

Vale la aclaración: Raúl no es Raúl, la familia prefiere preservar su nombre. Saben que al llamarlo por su nombre el loro responderá al llamado y esa puede ser una prueba clave para determinar que Raúl es Raúl; su loro y no otro.

“Estamos todos con cara larga, mi chiquito… él ya es un miembro más de la familia. En verano lo ponemos bajo los árboles porque a él le gusta estar ahí. Su comida preferida es el chorizo, estás comiendo el asado y siempre le tenés que cortar un pedacito”, cuenta Ana Moreno, hija de Miguel. Fue ella quien inició la búsqueda del loro, recorriendo las calles de Las Talitas y a través de una publicación en Facebook. Su mayor miedo es que Raúl muera de tristeza: “Le ruego a Dios… a San Antonio bendito,  que quien lo tiene lo devuelva, que no le haga daño. Yo sé que extraña y que tiene nostalgia. Retenerlo es hacerle daño porque él está acostumbrado con nosotros”.

No es la primera vez que Raúl (que no es Raúl, pero así lo llamamos) se pierde. En febrero de este año, tras una fuerte tormenta, el loro salió a la puerta de casa y alguien lo levantó de ahí y se lo llevó. Ana inició una búsqueda por medio de las redes sociales y el resultado fue positivo. Quién lo había encontrado vio la publicación y lo devolvió: el loro estaba triste, no cantaba, no silbaba y no comía. Los Molina tienen fe de que vuelva otra vez.



Aunque no tiene pruebas, Ana tiene una hipótesis que vincula la desaparición del loro con una vecina del barrio. “De frente te voy a decir, yo sospecho de una vecina. Ella tiene dos perros que ya nos mataron una gallina y tres gatos. También nos envenenaron un perro”, cuenta Ana Molina. Hasta ahora, no hay indicios del loro. Algunos vecinos aseguran que lo escuchan silbar, pero no saben dónde está y tampoco tienen la seguridad de que sea él. La vecina, por su parte, niega que Raúl esté en su casa.

El paradero de Raúl sigue siendo un misterio. Los Molina lo extrañan y sienten que el sentimiento es mutuo, porque, como reza el tango, siempre se vuelve al primer amor. En Las Talitas lo esperan para volver a despertarse con su silbido arrabalero.
 

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