En primera persona: la postura de Mercedes Sosa sobre el aborto

A UN DÍA DEL DEBATE

A horas del histórico debate en el Congreso, qué pensaba la artista tucumana y máxima exponente del folclore argentino en el mundo. Su caso personal. Testimonios recogidos de libro La Negra, del autor Rodolfo Braceli.

Mercedes Sosa, la máxima exponente del folclore argentino.




“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” es el lema principal de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se votará por primera vez en la Cámara de Diputados de la Nación este miércoles, tras ser rechazado seis veces en once años. Si el Congreso aprueba la Ley IVE, se daría paso a la votación en el Senado, pero en caso de ser rechazada, el tiempo de espera para presentar un nuevo proyecto de Ley ante el Congreso sería de dos años. A horas del histórico debate, cuál era la postura de Mercedes Sosa sobre el tema. ¿Qué pensaba la Negra? El escritor Rodolfo Braceli, en La Negra, uno de los libros más logrados sobre la vida de la Voz de América, de la cantante tucumana que conquistó el mundo, reproduce su opinión.

Decía Mercedes: "No es fácil vivir y mucho menos siendo mujer. Imaginemos las jovencitas y no jovencitas que empujadas por la miseria, el hambre y la desocupación tienen que abortar. Las flagelan en lugares clandestinos y sórdidos. Cuando me pidieron de la UNICEF que trabajara para ellos, se los dije: Voy a hablar por los niños y por las mujeres. Diré que estoy a favor de la despenalización del aborto. En contra de la hipocresía, de la mentira y de la clandestinidad terrorífica a la que son empujadas las mujeres pobres y marginales. Porque una cosa es estar abortando en una clínica con calefacción y anestesia y música funcional, y otra cosa es abortar en cualquier rincón inmundo con unos fierros terribles que te meten ahí, adentro, para arrancar un cuajo de vida que, si se la dejara vivir, se la condenaría al analfabetismo, al hambre".

Y cuestiona: "Pregunto yo a los hipócritas que están contra la despenalización: ¿acaso ellos no provocan millones de abortos cada día?... Abortos cuando cierran fábricas y dejan sin trabajo, abortos cuando condenan a chicos al hambre que los descerebra y hasta los mata. No me cansaré de decirlo: hay que educar, enseñar a usar anticonceptivos... Que se dejen de joder las madres que quieren tener la nena virgen hasta el casamiento. ¡Hipócritas de mierda! ¿Cuándo van a reconocer que la hija puede de repente enamorarse y acostarse y hacer eso tan bello que es el amor y quedar gruesa por culpa de tanta pacatería, de tanta educación para la hipocresía?" 

"Realmente, quienes crean las siniestras condiciones para el aborto son los que impiden la legalización. Ellos provocan más abortos fomentando la ignorancia, condenando a las mujeres pobres a eso tan terrible que se multiplica por la falta de trabajo y de educación. Yo, como tantas mujeres, no quiero promover el aborto; lo que quiero es que cada mujer sea realmente dueña de su cuerpo y de sus ovarios y de su destino… Conozco señoras que públicamente opinan contra la despenalización, pero ellas se los hacen", indica en un extracto del libro.

Y sobre el rol de la Iglesia en este tema, Mercedes Sosa asevera: "La iglesia manipula las cosas. Mientras frenan esto no se ocupan de resolver de una vez que los curas puedan amar y casarse para que no hagan las macanas que están haciendo. Alguien, un poeta, dijo que aquí la hipocresía funciona como ideología. Estamos manejados por hipócritas. ¿Cuánto falta para que nos saquemos la careta? Aquí el único modo de estar contra los abortos es evitar las causas que los provocan. Se está contra el aborto reabriendo fábricas, generando trabajo, educando". 

"Esto es lo que pienso: esos que impiden las leyes que saquen al aborto de la marginalidad y para posibilitar que cada mujer sea realmente dueña de sus ovarios y de su vientre, son los que matan gente, matan mujeres, matan niños de hambre. ¡Hipócritas! A ver, ¿quién tiene derecho a impedirle a una mujer de Tucumán, o de La Matanza o de donde sea que decida abortar sabiendo que el hijo que trae al mundo estará condenado a morirse de hambre? ¿Acaso no es un aborto cada niño que se muere a los cinco a los siete años? Hipócritas, ¡pero que se vayan a la puta que los parió!", arenga.

Y cierra con su propia experiencia: "Volviendo a mi caso. Cuando tomé la decisión de abortar, tomé yo la decisión de abortar. Mi marido estaba enterado, claro, pero la decisión fue totalmente mía. Y hacemos muy bien las mujeres en tomar este tipo de decisiones porque, finalmente, en la inmensa mayoría de los casos, somos nosotras las que vamos a tener que cuidar al hijo. Por lo general, los hombres con el tiempo se borran".

Fragmento del libro publicado Editorial Sudamericana:


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