El día que "el mejor Gobernador de la historia", pasó a la historia

Opinión

Periodista y militante sindical, Martín Faciano analiza la interna del Partido Justicialista de cara a 2019, con Osvaldo Jaldo y José Alperovich como principales adversarios.


Cuando en el acto de asunción de los Diputados Nacionales electos en 2013, el actual Vicegobernador, Osvaldo Jaldo, asumió jurando por José Alperovich, refiriéndose a él como el mejor Gobernador de la historia de Tucumán, nadie se imaginaba que con el paso del tiempo, las palabras que en ese momento fueron entendidas como una exagerada alabanza a la gestión del ex mandatario, eran en realidad la manifestación explícita del ex Ministro del Interior, de pretender jubilar políticamente al actual Senador Nacional.

Las lecturas realizadas entonces, por la mayoría de los dirigentes y analistas políticos, no consideraban la juramentación de Jaldo como un preludio de lo que sería la actual interna que se viene blanqueando y agudizando en el seno del justicialismo provincial.

Pasando en limpio, lo que el Vicegobernador verbalizó aquella vez en su jura, fue que el ciclo político de José Alperovich como gobernador ya es historia; y como buen esclavo de sus palabras, el tranqueño viene trabajando a destajo para que así sea. Para ello, en este tramo de su mandato como Comandante en Jefe de la Honorable Legislatura, ha sabido bajar del camello a dirigentes de gran peso territorial (Sergio "La Burra Mansilla", por ejemplo), posibilitando además que otros caciques puedan subirse al caballo para llevar a cabo la patriada que le permita al Frente Justicialista por Tucumán retener la provincia en 2019, ya sea repitiendo o invirtiendo la fórmula gubernamental.

El FJpT, además de constituirse como el sello político que dejó a su referente y cabeza de lista en la puerta del Club de los 500 mil votos, ha sido la conceptualización que la dupla Manzur-Jaldo ha elegido para denominar al posalperovichismo, dejando así atrás también al kirchnerista Frente Para la Victoria.

El 2017 vino y concluyó con el sinceramiento aspiracional de los dirigentes. La ambición de Alperovich, de volver al sillón de Lucas Córdoba, chocó de frente con la voluntad de poder que ostenta el Vicegobernador. Mientras Jaldo como principal actor de la vanguardia ofensiva antialperovichista exhibe el bastón de mariscal durante su avanzada, los artífices del Operativo Retorno 2019 exigen lealtad a la dirigencia promedio, convocándola desesperadamente a las reuniones del quincho en el Beverly Hills tucumano.

Por su parte, el Gobernador Juan Manzur, todavía sonríe y permanece inconmovible. Sabe bien que en esta sociedad política tripartita, justamente él no será el tercero en discordia. Aparentemente, el desenlace de la interna justicialista local resultará del palo por palo entre el Vicegobernador y el Senador Nacional. En el último tiempo, Alperovich se ha esforzado demasiado en mostrarse fuerte, lo que ha sido percibido en algunos sectores dirigenciales como una desinteligente demostración de debilidad. Gran parte de ese segmento dirigencial, son funcionarios que han sido designados por el ex Gobernador, ratificados posteriormente por Manzur, y que entienden perfectamente que en el justicialismo posneoliberal, la lealtad hoy es, únicamente, al poder de turno.



Martín Faciano es periodista y militante sindical. Escribe para GremialesTucumanas.com.ar

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