Don Romano cuida el mirador más hermoso de los Valles

Belleza natural

Desde el silencio de la montaña, pide ayuda.

Juan Carlos Romano, de 60 años, en el mirador del Cóndor. Foto: Tomás Posse.




Dos caballos corren sobre el verde de la ladera de la montaña. Como si fueran juguetes sobre una alfombra sinuosa, natural e inmensa, se detienen al encontrarse con los demás de la tropilla, que pastan un poco más abajo.

Desde acá, desde el mirador del Cóndor, se escucha el viento y nada más que el viento, hasta que de adentro de la casa, única en el lugar, aparece un hombre de piel rojiza. Se acerca. A su espalda, el valle de Tafí.  

Debajo de una gorrita con visera, camina de un lado para otro y habla apurado; su ritmo contrasta con la calma del paisaje: “Nosotros somos nativos de acá, queremos que alguien nos escuche para que podamos terminar este lugar, no se si me entiende”, dice y abre los brazos; muestra.

El Valle de Tafí. Foto Sky Drone Tucumán

A sus pies hay una base de cemento. A unos metros, una habitación que, en sus paredes, lleva cartulinas con consignas de derecho indígena. Un poco más allá, una cocina y paredes sin terminar. “Al turista hay que recibirlo bien, hay que explicarle, contarle. La comuna de El Mollar o el Gobierno podría poner a alguien que explique. O algo. Mire lo que es este lugar”.

El hombre se detiene y señala hacia afuera: "Necesitamos que arripien el camino, un baño, la entrada al mirador". 

Después de descargarse, el señor se da vuelta y mira el paisaje. Cuenta que se llama Juan Carlos Romano, que tiene 60 años y que la señora que está sentada dentro de la habitación es su mamá, Elcira María Estela Mamamí, de 87 años. La señora no escucha muy bien y se mueve con un andador, despacio con el temple de la montaña.

         El mirador en medio de la montaña. Foto: Sky Drone Tucumán

“Allá se ve el Ñuñorco, El Alto, que han cambiado el nombre, le han puesto El Pelao, pero se llama El Alto. Para allá el Negrito, el Infiernillo… y para este lado las Tres Puntas, la Piedra Bola, donde están los cóndores”, mira con sus ojos achinados Juan Carlos Romano. 

Un perro marrón y huesudo llega del camino. De algún lado viene: 18 kilómetros atrás, está Tafí del Valle. Y, para el otro lado, a unos 16 kilómetros y detrás de la montaña donde se alimentan los caballos, se llega a El Mollar.

El perrito pone a la par de la señora Elcira. Aparece un grupo de turistas. Sacan unas fotos y se van. “No hay lugar más tranquilo que éste”, dice Romano. Otra vez el viento, otra vez el silencio. Otra vez el paisaje.

Una mirada panorámica. Imágenes Sky Drone Tucumán.

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