De la pirotecnia electoral a la piromanía política

OPINIÓN

Una mirada política sobre la salida del Funcionario Provincial, Miguel Jiménez Augier.

Foto de Diario 24.


La salida poco elegante que tuvo el ex funcionario del IPV y DU, Miguel Jiménez Augier, dejó desconcertado a más de un dirigente  enfilado en las tropas del justicialismo provincial. Cuando todo parecía indicar que las modificaciones en las estructuras jerárquicas del oficialismo local, sucederían recién pasadas las elecciones generales, el Gobernador Juan Manzur, sin aviso previo, tomó la iniciativa y arremetió contra el Coordinador de Política Habitacional del IPV y DU. 

Sin pensar en herir susceptibilidades, desde el entorno del mandatario, explicitaron abiertamente que el cese de funciones de Jiménez Augier resultó producto de una deliberada decisión política del Gobernador, quien puso el gancho para darle validez al decreto con el que, se supone, comenzaría la purga en el IPV. 

Políticamente, la maniobra efectuada para desvincular al funcionario, ratificaría el hermetismo, con el que Manzur maneja sus decisiones. El decreto desvinculatorio, se habría confeccionado de un momento a otro, con la misma  rapidez que la cúspide jerárquica de la repartición resignificaría la presencia del Vicegobernador Osvaldo Jaldo, en la última cena conmemorada para celebrar el aniversario del organismo. Lo que los popes de la repartición,  oportunamente  habían entendido como el apoyo explícito del Gobierno Provincial al Interventor Gustavo Durán y compañía, en realidad no era más que una despedida.

Consumado el hecho, resta esperar para saber si el mismo representará algún costo político para el actual mandatario, quien acaba de dar un importantísimo gesto en su afán de empezar a resolver los conflictos suscitados en torno a "La pesada herencia de José Jorge en el Gabinete de Juan".

En el marco de lo electoral, la decisión de echar  a Jiménez Augier, puede entenderse también como una jugada táctica en el tramo final de la campaña. Así, el oficialismo  provincial demuestra nuevamente su habilidad para usar la lapicera que marca la agenda mediática, a partir de la selectiva resolución parcial de los conflictos internos. De paso, en este varieté, las cámaras y los micrófonos harán relucir a la Senadora Nacional, Silvia E. de Pérez, pionera en empuñar la bandera de las denuncias por las irregularidades en el IPV y DU. Mientras tanto, los candidatos a Diputados de la oposición, José Cano y Beatriz Ávila, quedarán un poco más desenfocados y desdibujados en la recta final de la campaña previa a las elecciones legislativas generales del próximo 22 de octubre.

Aunque en las mesas de los bares cercanos al PJ y la Casa de Gobierno, se discute sobre si el despido de Jiménez Augier puede traducirse en una ruptura del orden político hegemónico, o si este acontecimiento representa el inicio de una gran soltada de mano, por parte del binomio gubernamental Manzur-Jaldo para con los dirigentes provenientes del alperovichismo, la respuesta  a los debates de café pueden tardar en llegar, un poco más, en función de los tiempos judiciales. 

Quizás el funcionariado del cuestionado IPV pueda salir relativamente ileso de este escandaloso final de ciclo. Quizás el Gobierno deje todo liberado a su suerte, y los implicados salgan incendiados de este proceso. Lo único certero, a ciencia incierta, es que en el medio no faltarán los consejeros que intentarán convencer  al ex Ministro de Salud de la Nación, sobre el sentido purificador del fuego.


Martín Faciano es periodista y militante sindical. Escribe para Gremiales Tucumanas.

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