¿Fraude en Tucumán?

Opinión

Politólogo tucumano radicado en México, Juan Pablo Ruiz Nicolini analiza el fraude denunciado en las elecciones que consagraron a Julio Miranda como gobernador de Tucumán.


Bussi ganó en Tucumán y pelean por el segundo lugar la Alianza y el PJ”, tituló el diario Clarín un 7 de junio de 1999. “Tucumán: continuará gobernando el bussismo”, señaló La Nación el mismo díaPor qué los tucumanos votaron a Bussise preguntaba entonces Página 12.

Salvo La Gaceta de Tucumán, cuyo título fue “Bussi y Miranda festejaban a la madrugada con cifras provisorias”, toda la prensa escrita de la mañana siguiente sostuvo que Bussi hijo había sido electo. Durante la noche del domingo se festejó la victoria en el bunker de Fuerza Republicana, pero a medida que avanzaban las horas la celebración fue cambiando de sede y se concentró en la del PJ. A los pocos días, se anunciaba oficialmente que Julio Miranda (PJ) había sido electo gobernador. El bussismo denunció maniobras de fraude en la madrugada tucumana. Los rumores se esparcían. “El PJ le robó la elección a Bussi” decían unos; “Fraude patriótico”, sostenían otros. Lo cierto es que el escrutinio definitivo (el legal) acompañó lo que decía el cambió de tendencia esa noche y los planteos de los perdedores antes el poder judicial no prosperaron (ver “El PJ derrotó a Bussi en Tucumán”, La Nación).


LOS “FRAUDES” Y LA #EMPIRIA

La supuesta falta de integridad es un tema recurrente en los procesos electorales, no solo en Tucumán sino en Argentina y en el resto del globo. Los escrutinios provisorios de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (P.A.S.O.) son el ejemplo más reciente en el país. Muchos sostienen que allí se manipuló la carga de los datos de resultados para generar una sensación de que la victoria había sido de uno y ganar, por ejemplo, centralidad en la tapa de los diarios del día siguiente.

Como sucedió durante el ciclo electoral del año 2015 en Argentina, hay quienes se apoyan sobre esas discusiones para promover reformas electorales que incluyan cambios en el instrumento que se utiliza para emitir los votos. Aunque -como señalé en otro lado- la denuncia de fraude no distinguió entre tecnologías:

Cierto es que el caso de Tucumán -donde se votó con el tradicional sistema de boletas partidarias y sobres- ocupó un lugar central en las denuncias y la discusión pública. Pero también se sospechó de los procesos de Salta (que votó con un sistema electrónico de votación) y Santa Fe (que lo hizo con Boleta Única de papel) en ese ciclo electoral.

Que las denuncias sean más públicas que formales judicialmente también es recurrente. Y, aunque no existan demasiadas pruebas de fraude en los procesos electorales de Argentina, la percepción sobre la falta de integridad es relativamente alta, como señala Oliveros acá.

Bajo este contexto aparecen análisis que buscan evaluar la rigurosidad de esas denuncias y la plausibilidad de manipulación en los procesos electorales. Por ejemplo, para las últimas elecciones encontramos una serie de politólogosgeógrafos, matemáticos y programadores buscando respuestas a los sesgos en la carga de resultados en la elección de la PBA. Una conclusión general es que no pueden encontrar evidencia para sostener de que haya habido manipulación, con los datos disponibles. Y en algunos casos se recomiendan medidas sencillas (además de “abrir la data”) para minimizar las dudas sobre la gestión del proceso electoral.


Por otro lado, retomando los ejemplos de 2015 podemos encontrar, el FRAUDOMETRO desarrollado por Andy Tow. Basado en un paper de Klimek (et al., 2012), el script permite seleccionar distritos, elecciones y listas para ilustrar la relación y distribución de los votos en mapas de calor. Esos gráficos posibilitan detectar la acumulación de observaciones "extrañas” que podrían ser explicadas por maniobras de fraude.


“Huellas dactilares. Histogramas bidimensionales del número de unidades para una determinada votación (eje x) y el porcentaje de votos (eje y) para la lista ganadora (o candidato) en elecciones de diferentes países (Austria, Canadá, República Checa, Finlandia , Francia, Polonia, Rumania, Rusia 2011, Rusia 2012, España, Suiza y Uganda). El color representa el número de unidades con los correspondientes números de votación y participación. Las unidades usualmente se agrupan alrededor de un porcentaje determinado de participación y voto” Klimek (et al., 2012).

Los paneles previos son una muestra del trabajo original de Klimek, en el que con círculos rojos se señalan clusters donde la relación entre participación y votos por la lista ganadora se concentran en torno al 100%. Esta es la idea detrás del “análisis forense de las elecciones”

En una linea similar Page, Antenucci y Leiras (CIPPEC, 2017) presentaron una Autopsia de la PBA completa para la elección de 2015. En ella incluyen una serie de indicadores usuales en la literatura de electoral forensics: (1) correlación entre ganador y participación — la misma que el FRAUDOMETRO; (2) correlación entre voto en blanco y diferencia entre primeras dos listas; (3) análisis del último dígito; (4) cuenta de “0” y “5”, y (6) participación de cada partido.

Corresponde al Indicador (1), similar a la imagen del FRAUDOMETRO de Andy Tow.


1999 — LA CONTINUIDAD DEL BUSSISMO (QUE NO FUE)

Como señalé anteriormente, mucho se discutió sobre el supuesto fraude en los comicios de 2015 en la provincia de Tucumán. Como dije acáacá y acá, mi impresión es que por ahora no hay evidencias para sostener tal cosa. Un primer acercamiento a los datos históricos de elecciones a gobernador en la provincia insinúa que no es plausible explicar la victoria del PJ en 2015(con una diferencia cercana a los 10 puntos porcentuales) por el fraude. Un análisis más detallado podría ayudar a sumar evidencias.

Los mismos datos nos muestran lo competitiva que fue la elección de 1999, comicios que enfrentaban a Ricardo Bussi (hijo del gobernador Domingo Bussi que no podía ir por la reelección) por Fuerza Republicana (FR) y a Julio Miranda por el Frente Fundacional (lema que presentó el Partido Justicialista -PJ). Ante u escenario de paridad tal— como sucediera este año en PBA y en Santa Fe- la posibilidad de que una victoria pueda explicarse por maniobras de fraude es mucho más alta. Y en escenarios así de competitivos es más esperable que los a priori perdedores de la elección planteen esa discusión.


Gráficos del ATLAS ELECTORAL DE TUCUMAN https://atlaselectoraltucuman.github.io/atlastucuman/gobernador.html

La elección de 1999 la ganó el PJ por menos del 1% de los sufragios, lo que despertó sospechas y denuncias sobre el proceso de escrutinio. Al finalizar el día de las elecciones (6 de junio 1999), los resultados que circulaban daban como ganador a Bussi:

“Las encuestadoras que medían el boca de urna, IBOPE y Nahuz, decían, al momento del cierre de las mesas, que la diferencia entre Ricardo Bussi y Julio Miranda era del 37% al 29%, y del 39,8% al 30%, respectivamente” (La Gaceta, 08/06/1995).

Siguiendo la idea de electoral forensics expuesta al comienzo, y gracias a la colaboración del personal de la Junta Electoral de Tucumán que me ayudó con los datos, me propuse avanzar en el análisis de la elección más contestada en la provincia desde el retorno de la democracia.

Los gráficos de abajo reproducen la lógica de los puntos (1) y (2) de los indicadores que los analistas de CIPPEC realizaron para las elecciones generales de la provincia de Buenos Aires en 2015.

(1) En el primer gráfico reproducimos la idea del FRAUDOMETRO : la relación entre participación electoral y los votos que recibió la lista más votada. ¿Cuál es la lógica de este indicador? El siguiente argumento es el que se presentó para el análisis del caso de la PBA:

En los países donde el voto no es obligatorio la participación suele ser baja. Por eso, en esos países genera sospechas encontrar mesas con participación inusualmente alta en las que algún partido obtiene muchos más votos que en el promedio de las mesas. Eso podría indicar que el aumento de participación obedece en realidad al agregado de votos para algún partido. En nuestro país el voto es obligatorio, por lo que la proporción de ciudadanos habilitados para votar que efectivamente votan suele ser alta. Por eso, adaptamos el indicador usado en los estudios internacionales. Buscamos identificar mesas en las que el partido ganador obtuvo más del 80% de los votos y la participación fue inferior al 60%. Uno de los motivos por los que eso podría ocurrir es porque se omiten votos a favor de alguno de los partidos, lo cual aumenta la proporción de votos a favor del ganador. También puede darse por error o por azar. (CIPPEC, 2017)


En el caso que acá analizo ajusté los valores a la distribución de los resultados la elección de Tucumán en 1999. Pero la lógica es similar. Deberíamos sospechar ante la existencia de una alta frecuencia de mesas en las que la participación fuera inusualmente baja y el porcentaje de votos de la lista ganadora se mantuviera alta. Tampoco encontramos evidencia de ello.

(2) En el segundo se analiza la relación entre los votos en blanco y la diferencia entre los dos primeros candidatos (Bussi y Miranda) en valor absoluto. La lógica del gráfico es bastante simple. Cada hexágono representa una muestra de mesas; en el eje vertical la diferencia porcentual entre listas y en el horizontal el porcentaje de voto en blanco. Cuanto más claro el color del hexágono mayor la cantidad de mesas alrededor de esos valores.


Lo que deberíamos observar en caso de manipulaciones de los resultados del comicio es una mayor concentración de mesas (“más amarillo”) en las que haya mayor diferencia entre listas y también mayor voto en blanco. Siguiendo la definición de CIPPEC (2017), la lógica de esta indicador es que “mesas con estos resultados podrían sugerir que los votos de algunos candidatos se contaron como votos en blanco y por eso el margen de victoria se vería aumentado”.

Aunque muy parcial, un primer indicador sobre la centralidad del proceso electoral de 2015 en Tucumán puede verse en la siguiente imagen que corresponde a las búsquedas del término “TUCUMAN” en Google. Uno podría pensar que el pico de búsquedas de Tucumán se diera, por ejemplo, en la semana del 9 de julio. Miles de niños en el país buscando información sobre “la casita de Tucumán” para sus tareas escolares. Pero no! El pico de la serie de 2015 se dio en la semana de las elecciones provinciales.


Cierto es que el proceso electoral estuvo marcado por numerosas irregularidades. También lo es que al acto eleccionario le siguió una represión policial a las manifestaciones que tiñó aun más el proceso. Elementos que seguramente alimentaron mayores búsquedas en internet. Pero creo que también es cierto que los actores políticos involucrados administraron muy mal el asunto y la sugerencia de fraude en los comicios solo alimentaron el caos (¿y el interés?). Y, en definitiva, estas denuncias pocas veces fueron sostenidas con evidencias.

En algún sentido la intención de este post era hacer el ejercicio de buscar evidencias sobre el “fraude en Tucumán”. Acá busque reproducir análisis empíricos sobre los resultados electorales (electoral forensics) para los comicios más competitivos desde el retorno de la democracia: la elección provincial de 1999. Con más tiempo, en otras entradas intentaré profundizar el análisis de esta elección en particular y hacer lo propio con la elección de 2015.

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