Democratizar las decisiones en el Ente de Cultura

Opinión

El músico y docente Martín Paéz de la Torre propone repensar el Ente, frente a un nuevo Septiembre Musical.


Llega un nuevo Septiembre Musical tucumano y nos despierta pensares ya crónicos. Sabiendo que se trata del evento al que el Ente de Cultura asigna la mayor parte de su presupuesto no reservado al funcionamiento de los Cuerpos Estables, vuelven a surgir algunas viejas reflexiones. Esta vez las compartimos:

Se ha naturalizado el hecho de que la repartición del Estado dedicada a promover los quehaceres culturales, el Ente de Cultura, se avoque a esa tarea prácticamente con la misma lógica que una empresa, y no sólo decimos en cuanto que considera el hecho cultural sólo como espectáculo, promoviendo muchas veces lo que no necesita ser promovido, y siguiendo así una lógica de réditos cuasi comercial -cantidad de público, rendimiento económico, impacto mediático-, sino también por el carácter escandalosamente vertical de la toma de decisiones. Y de esto último trata esta columna.

Hoy en día ningún proyecto artístico/cultural puede escapar de la lógica Pulgar Arriba/Pulgar Abajo de la presidencia del Ente o, como mucho, de su Dirección de Producción y Gestión. Dos personas, con suerte, decidirán sobre lo que suceda y lo que no.

Todo hacedor silvestre de Arte sabe, comenta y sufre la inútil y repetida peregrinación hacia el edificio de la San Martín, a saber:

Acercarse a alguna de las direcciones específicas (Música y Danza, Letras, Teatro etc.), donde, a pesar de la buena y verdadera voluntad de sus directores y empleados, entraremos –advertidos por ellos mismos-  en el embudo, en la pantomima de presentar una nota al Presidente pues,- al menos esto está claro- es Él quien decidirá, muy por encima de dichas direcciones. La nota dormirá el sueño de los justos en algún cajón del color de los agujeros negros. Y aún si algún milagro provocara que el interesado sea recibido por Él en audiencia, la esperanza muere rápidamente allí o minutos mas tarde en Producción y Gestión –al parecer única otra oficina con peso-, pues el presupuesto, tanto a principio como a fin de año, jamás será suficiente. El mejor final al alcance de pocos, recibir monedas para “que se haga” y hacer todo el trabajo por amor al Arte – y nadie dude de que lo tenemos-, mientras el Ente se apura a obtener el rédito de que apoya a los artistas locales.

¿Que sobreviven y crecen los fenómenos culturales en la provincia a pesar de esto? Claro que sí. Tucumán revienta de talleres, muestras, encuentros de todo tipo, obras de teatro, espectáculos de danza, conciertos… y así seguirá esa ebullición maravillosa. Ahora bien: ¿Por qué nos parece tan natural que esto suceda a pesar de la gestión estatal? ¿Es bueno en verdad que los artistas hayan desechado de plano – y por su experiencia al respecto - el apoyo a veces imprescindible del organismo nacido para ello? Y repetimos ¿Se puede en silencio aceptar este modo tan arbitrario de selección?

Se hace evidente entonces la necesidad de pensar en una nueva versión del Concejo Provincial de Difusión Cultural para nuestra provincia, como ya existiera entre los 60´ y 70´, entonces presidida por el gran Gaspar Risco Fernández. Este se sostenía con fondos propios provenientes del cinco por ciento de las ganancias los juegos de azar a la vez que de rentas generales.

La clave es democratizar las decisiones.

Los integrantes del Concejo podrían ir rotando, e incluso ser propuestos y elegidos conjuntamente por el Estado y las diversas asociaciones de artistas que ya van floreciendo. Y

este organismo podría hacer llamados semestrales, períodos de presentación de proyectos a ser evaluados, como ya sucede en Salta: http://www.culturasalta.gov.ar/concursos-convocatorias/fondo-ciudadano-de-desarrollo-cultural/9

Sí, en Salta, no en Berlín, se hacen 4 llamados anuales por parte del Fondo Ciudadano de Desarrollo Cultural, convocando a muy diversas líneas para recibir onerosos apoyos, con guías para bien elaborar las propuestas, y devoluciones por parte del Comité Evaluador luego de los resultados.

Sabemos que de renovaciones como ésta siempre vendrán conflictos, diferencias. Bienvenidas sean. De ellas se nutren los cambios para mejorar y, en este caso y por sobre todo, empezar a sentir que somos más partícipes de lo que el Estado propicia y apoya en nuestra provincia.

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